13/5/20

Todo irá apareciendo a medida que decidamos mirar donde no quieren que miremos


DESNUDANDO AL EMPERADOR 
(Artículo publicado en este bloc hace 8 años, que vuelvo a incluir por su vigencia) 
TEORÍAS DE LA CONSPIRACIÓN o... 
¿CONSPIRACIÓN PARA ACABAR CON TODAS LAS TEORÍAS?
Los datos nos inundan, nos rodean, nos aplastan, nos invaden, nos dominan, nos aprisionan, nos congelan. Con los datos nos hipnotizan, nos engañan, nos manipulan, nos atontan. Con los datos desvían nuestra atención, nos mecen, nos duermen, nos despistan. Invadiendo nuestras mentes con montañas de datos irrelevantes consiguen que tengamos la impresión de no saber de qué dirección sopla el viento, de dónde vienen los tiros.
Supuestamente para ayudar a entender la información encerrada en tantos datos se creó la estadística. Lo que vino después es lo que alguien sintetizó de forma magistral: “la estadística es el arte de torturar los datos hasta que digan lo que uno quiere…” Los datos así utilizados son las nuevas armas de control mental. Crear esa sensación de desorientación, aparentemente casual e inofensiva, es, en realidad, uno de los grandes inventos del Emperador.
Mi interés con esta serie “Desnudando al Emperador” no es, por tanto, aportar nuevos datos. Intento, al contrario, quitarme datos de encima, tirarlos por la borda, deshacerme de ellos, olvidarlos… hacer una gran limpieza de datos accesorios. Quisiera recuperar una capacidad de ver más allá, una mirada de principiante, de niño. ¡Ojalá! 

Aportar datos es poner, añadir. A mí me gustaría desnudar, quitar. Simplemente, señalar lo obvio. Como Miguel Ángel, quisiera ser capaz de quitar al bloque de mármol lo que le sobra, para que aparezca la imagen encerrada dentro: el Emperador desnudo… lo que se nos pretende ocultar a base de añadir palabras sin sentido. Ello ya se insinúa cada vez a más personas en todo el mundo, pero hace falta que mucha más gente lo vea. Sólo así podrá empezar de verdad la decadencia de su Imperio.

“Lo que se nombra adquiere fuerza, lo que no se nombra, deja de existir”… ese poema pequeñito del poeta lituano Czeslaw Milosz es una lección condensada de magia creativa. Entendiéndola, podemos crear universos o hacer que desaparezcan.
Nuestros medios de comunicación, o más bien alguien por encima y detrás de ellos, la han asimilado bien. Y la utilizan para conformar la Realidad Oficial. Es justamente la herramienta que usan, con todas sus variantes: el martilleo repetitivo, la inundación con datos estúpidos, contradictorios, inconexos e irrelevantes sobre algunos temas y el silencio total sobre otros, que así dejan de existir, o bien que ahora existen y ahora no, según vaya conviniendo.
En medio de ese oleaje de datos en un mar tempestuoso, hay una expresión que emerge por sí sola, sobrenadando entre la espuma, y asociada con muy diversos temas. Con ella nos machacan de una forma especial. Han conseguido que arraigue en nuestras mentes y que florezca en nuestras expresiones. Hablo, desde luego, de la magnífica: “teorías de la conspiración”.
Gracias a una repetición inclemente, esta expresión brevísima se ha infiltrado en las mentes de todos. Tan simple, tan rápida de decir… ¡y tan eficaz! Su significado es lo de menos. Lo de más es lo que se quiere significar con ella. Viene a ser como una variante de esa frase que aparece en las paredes: “tonto el que lo lea”, que se ha convertido en “conspiranoico el que mire ahí”.
Actúa como una grajea, una pastillita, que tomada con cierta regularidad, actúa devolviéndonos el sentido de realidad, por supuesto la Realidad Oficial, la aprobada por Imperial Decreto Ley. De que no olvidemos tomar la dosis se encargan nuestros medios de comunicación. Para ello, además de utilizar con profusión la expresión, cada cierto tiempo dedican al tema un artículo completo: “Las teorías conspirativas de la historia se ponen al día”, “Conspiración porcina” “Elija su conspiración”, “La monja y las teorías de la conspiración”, “Medias verdades y miedo componen la teoría de la conspiración”… 
Todos estos artículos tienen la misma forma: un lío, una madeja, una maraña, un batiburrillo. Con una redacción amasada a base de frases inconexas, de sintaxis dudosa y aderezado todo con un tono frívolo e intrascendente, se da a entender que determinados temas son en sí mismos irrelevantes o estúpidos gracias al ardid de poner juntos unos intrascendentes con otros de máxima importancia, y tachando a quienes les prestan atención de incultos, irracionales o directamente paranoicos… “conspiranoicos”, para ser exactos.
Es conocido y aceptado por muchas personas de pensamiento crítico que nuestros medios de comunicación desinforman, que están manipulados y que están en manos de los grandes poderes. Sin embargo, esas mismas personas pueden estar evitando prestar atención a determinados temas porque los consideran “teorías de la conspiración”. Es muy típico en las conversaciones que alguien diga, por ejemplo, “yo paso de teorías de conspiración, pero…”, o que, sin haber prestado ninguna atención al tema, consideren falso, sin más, algo que los medios de comunicación han etiquetado de teoría de la conspiración. Y ello de forma totalmente inconsciente.
A eso es a lo que yo llamo un triunfo. ¡Un gran triunfo!, del Emperador, por supuesto…
Particularmente desde que Freud nos lo hizo notar, sabemos que la mayor parte de nuestros comportamientos están dirigidos desde el inconsciente. Y que prestar atención a nuestros automatismos, reconocerlos, es la única vía de poner la dirección del asunto en nuestras manos.
Hacer consciente lo inconsciente nos devuelve el poder. Por eso, doy tanta importancia e insisto en señalar, que detrás de la inocencia aparente de expresiones como “teorías de la conspiración” y “conspiranoicos” hay demasiado esfuerzo en ridiculizar temas y personas. Y que ese esfuerzo no es algo casual sino muy bien planificado.
Como el tema me parece de enorme trascendencia, defenderé mi postura. Considero que ser  “conspiranoico” no es algo vergonzoso ni ridículo. Muy al contrario, estar interesado, por ejemplo, en prestar atención y escuchar lo que tienen para decir los que defienden que la versión oficial de los atentados del 11-S es una gran mentira de enormes implicaciones en nuestro momento presente es un signo de cordura, no de paranoia.
“Teorías de la conspiración” es, a mi entender, la tapa de una olla donde se está cociendo un guiso muy especial al que merece la pena prestar total atención. Una vez que uno se decide a levantar esa tapa es fácil llegar a la conclusión que la expresión y el apelativo de “conspiranoico” son un diseño cuidadoso para disuadir a las personas de prestar atención a determinados temas o, más exactamente, a determinados enfoques de casi cualquier tema. Es decir… ¡una conspiración para acabar con todas las teorías! Con todas aquéllas que se alejen de la Teoría Oficial de la Realidad, el Pensamiento Único.
Lo que se nombra adquiere fuerza… Pero la forma en que algo se nombra tiene un influjo directo en la percepción. Por eso propongo cambiar la denominación actual de “conspiranoico” por la de “experto en conspiraciones”. Haciéndonos conscientes de la intención que existe tras la expresión, nos apropiamos de su efecto. Como en las verdaderas artes marciales, desviaremos la fuerza que el contrario pretende utilizar contra nosotros para provocar su propio desequilibrio. Si el Emperador tiene expertos en todo, nosotros ¿por qué no? Además, el humor es algo que nos hará falta para recorrer ese terreno tan árido que habremos empezado a recorrer si nos decidimos a ello.
Una de las acepciones del verbo conspirar es la de “unirse varias personas contra su superior o soberano”. Así que el “experto en conspiraciones”, además de informarse bien sobre lo que se cuece en la olla, tendría que aprender a conjugar el verbo conspirar, empezando por el presente de indicativo, para darse cuenta que también existe la posibilidad de que yo, tú y todos nosotros… conspiremos.
O sea, que no sea sólo Él, el Emperador y su corte los que conspiren contra nosotros decidiendo lo que es conspirativo o conspiranoico  y los que creen universos a su antojo: la Matrix que diseñan para nosotros vía televisión y prensa muy especialmente. Sino que todos nosotros podemos (y es seguro que deberíamos) empezar a creer que también podemos crear nuestros propios universos y a movilizarnos para descubrir dónde se están tramando de verdad las conspiraciones.
Y a creernos que no nos van a avasallar porque nos llamen tontos, locos, paranoicos e inexpertos cada vez que nos empeñemos en señalar que determinados hechos no pudieron haber sucedido así, o cada vez que nos empeñamos en saber lo que se empeñan en ocultarnos.
Y llegados a este punto podremos hablar de la apatía y el desinterés de una buena parte de la sociedad. Pero también podremos hablar de miedo a mostrar opiniones diferentes. Y podremos hablar de miedo en general, de todos los miedos. Todo ello irá apareciendo en la medida en que nos decidamos a mirar donde hay mucho interés en que no miremos. Y a todo ello habremos de hacer frente para continuar, porque no es ni agradable ni verosímil en un primer momento, pero, a la vez, resulta clarificador y explicativo desde el comienzo, porque una serie de cosas hasta entonces desconectadas se empiezan a conectar. Y ahí, por fin,  los datos, los verdaderos datos… aquéllos de cuya selección nos habremos encargado personalmente siguiendo el instinto, empiezan a hacerse significativos.
No creo que la utilización de los medios de comunicación para inundarnos de basura en forma de datos inconexos sea una tontería. No creo que la cuestión de la utilización del lenguaje para desviar nuestra atención hacia donde no interesa que miremos sea una broma. No creo que la ridiculización, la injuria y el tono jocoso sobre determinados temas y personas empleado en tantos artículos periodísticos sea producto del azar. No creo que todo eso sea una mera anécdota en Internet.
Por el contrario, creo que es ahí donde interesa mirar para empezar a enterarse de verdad de lo que está pasando. Y para poder realizar un buen diagnóstico de situación, después de haber depurado la información hasta reducirla a lo esencial. Y es ahí donde empieza a emerger la figura oculta en el bloque de mármol…
Sagrario Arana

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