LO NEGARÁN HASTA CUANDO LO VEAN
Muchas obras humanas y sociedades enteras han
colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan
inteligentes.
El informe Los límites del crecimiento (1972)
advirtió que, si continuaban las tendencias de aumento exponencial de
industrialización, contaminación, población y consumo de recursos, la humanidad
se enfrentaría a un colapso económico
y ambiental durante el siglo XXI.
Con los datos del tiempo transcurrido desde entonces, estudios más recientes sostienen que las proyecciones de aquel informe eran bastante acertadas. O sea, que vamos mal
Algunos niegan que
estemos ante un colapso y proponen seguir creciendo como si los recursos
planetarios fueran infinitos, como si los costes ambientales no pasaran facturas.
La hecatombe no se presentará de un día para otro y no dirá: «Ya he
llegado». El colapso surgirá poco
a poco: cosas que antes funcionaban dejarán de hacerlo; fenómenos extremos que
antes eran excepcionales se volverán habituales. Y buscaremos culpables
solo en las distancias cortas, limitando la responsabilidad a lo inmediato
y a lo que nos afecta personalmente. Nadie sufrirá todos los efectos, tales
como, por ejemplo, estos:
- En unas ciudades no habrá recursos básicos o subirán
de precio (como el agua en Teherán, Ciudad de México, Delhi, Ciudad del
Cabo, etc.).
- Surgirán problemas sociales que algunos no relacionarán con la
escasez: protestas de agricultores, de la clase trabajadora, de
fascistas, de pescadores…
- La violencia que quisimos desaprender vendrá con
más fuerza.
- Los estados
serán más débiles y
unos se comerán a otros.
- Los dictadores encontrarán ocasiones para imponer su
ideología y deshacerse del discrepante.
- Sufriremos apagones de diversa índole: energéticos,
informativos…
- También aumentarán las migraciones sin que algunos
se pregunten por qué.
- Habrá más desnutrición, más enfermedades y se colapsarán más aún los hospitales (en
especial si no fortalecemos bien la sanidad pública).
- Veremos más y mayores incendios e inundaciones.
- Acuíferos contaminados por demasiados motivos:
cenizas, macrogranjas, salinización, eutrofización…
- Retrasos para cualquier cuestión. Todo será
más lento y con más averías: Internet, trámites, transportes, avances
científicos… También será más difícil sacar dinero de un paraíso
fiscal, si es que pudiste meterlo.
- Océanos más
embravecidos. Veremos casas
devoradas por el mar.
- Subida de
precios, particularmente de
ciertos bienes: la vivienda, el suelo, los seguros o el aceite, por
ejemplo.
- La tecnología más moderna será solo para las élites.
- Inestabilidad
política y guerras por recursos (como en Ucrania o los deseos de Trump por Groenlandia).
- Aumento del
paro, de la desigualdad, de la pobreza y, por tanto, también de la delincuencia y de la violencia.
Todo esto, ¿no
parece estar más cerca de lo que nos gustaría? No mires solo la opulencia de
productos en tu supermercado, gran parte de ellos pura basura. Miremos con
profundidad. No permitamos que se busquen más cabezas de turco que métodos
justos de redistribución.
Algunos recordarán
otras grandes civilizaciones que —a menor escala— también
colapsaron. Y cuando estemos en el meollo del colapso, intentando
sobrevivir, los ricos se encerrarán con sus guardaespaldas en sus
mansiones para morir, no de hambre, sino de aburrimiento. Entonces, tampoco
podremos decir: «Ya os lo dije». Los que negaron que lo estábamos haciendo mal,
seguirán negando la evidencia y culparán al Putin o al Trump de
turno. Y sí, ellos también fueron, son y serán culpables, pero los demás les
dejamos hacer y no quisimos unirnos para
frenarlos. Tampoco frenamos a esas empresas que nos están amargando el
clima, algunas de las cuales presumen de cotizar en el IBEX-35. Y nuestras
soluciones quedarán escritas en los pocos libros que logren sobrevivir. Y nos
preguntaremos por qué dejamos pasar la ocasión de unirnos.
No quiero acabar en
plan pesimista. El futuro nadie lo conoce, porque lo estamos construyendo hoy.
El famoso informe de 1972 que referenciábamos al principio también sostuvo que es posible evitar el desastre si
se camina hacia el escenario llamado Mundo Estabilizado en
el que, si la humanidad cambia sus valores, prioriza la calidad sobre la
cantidad, adopta tecnologías apropiadas y redistribuye la riqueza, será posible
fijar la población y el bienestar dentro de los límites planetarios. Los cuatro puntos son importantes.
No preguntaré si
queréis ir, sino si nos ponemos a caminar hoy. ¿O preferimos, una vez más,
aplazarlo para mañana?
https://blogsostenible.wordpress.com/2026/03/01/lo-negaran-hasta-cuando-lo-vean/

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