PSICÓPATAS AL PODER
LA SELECCIÓN NATURAL
DEL CAPITALISMO
Cuando trato de entender la situación de distopia en la que
estamos -el nivel de maldad, idiotez, crueldad, mentira, incultura, deslealtad,
distorsión de la realidad con la que nos envuelven cada día nuestros
"líderes democráticos" y "medios de información"- siempre
termino pensando en que no podría ser de otra manera en un sistema que lo único
que privilegia, el único valor que respeta es el dinero y el poder.
Y leyendo el texto de Favio Vighi sobre el caso Epstein, hay un párrafo que lo resume todo muy bien. Dice Vighi: "Lo primero que hay que destacar es que no se trata solo de «los archivos de Epstein», sino del rastro de una civilización que se ha reproducido sistemáticamente a través de formas organizadas de violencia. El capitalismo y el abuso sexual se rigen por la misma lógica depredadora: la capacidad de deshumanizar a los demás y explotar su vulnerabilidad para obtener beneficios.
Dentro de ese sistema, los rasgos que convierten a alguien en un multimillonario de éxito son inquietantemente similares a los que permiten la violación, la pedofilia y la violencia genocida. Para ser claros, el capitalismo no solo tolera las personalidades depredadoras, sino que las fomenta."Y acá entramos en el corazón del problema: El paradigma
mismo de la civilización que construimos, es decir la ideología que permea todo
el ambiente social en que nos movemos -mecanicista, materialista, racionalista,
reduccionista, antropocentrista- es el que sienta las bases del modelo
capitalista.
Y este sistema funciona como un proceso de selección evolutiva… pero de rasgos psicopáticos.
Hemos creado un entorno económico y
social que promueve una selección artificial de determinados rasgos.
Hoy, los individuos que priorizan el dinero y el poder sobre la ética, la justicia,
la honestidad, la empatía y los resultados a corto plazo son los que alcanzan
la cima. Y esto no sólo en las corporaciones, sino en todos los sectores del
sistema.
Los valores que nos mueven, y el marco del mundo en el que
nos educamos y criamos es indudablemente uno de competencia, eficiencia,
utilitarismo, individualismo y donde el único objetivo que cuenta es el tamaño
de la cuenta bancaria y, luego, mostrar nuestra "valía" como
mercancías en las redes sociales (cuando se puede, dependiendo del escalón de
depredación en que nos encontremos).
Muy lejos quedó
cualquier idea de verdad, bondad, justicia y de ética, lealtad, moralidad como
guías del accionar humano.
Vivimos en el Reino de la Cantidad y en una cultura donde "todo
tiene un precio". Y acercándonos, peligrosamente, al precipicio de las
posibilidades de esa materialidad.
Pregunto: dentro de
este marco, quiénes serán los que puedan llegar a los más altos cargos? ¿Es
posible pensar, dentro de este sistema de valores, en una mejora del tipo
humano que esté a cargo de liderar la sociedad humana? Claro que no.
Es indudable que estamos en un momento de decadencia de
nuestros "representantes", cada vez los peores ejemplares se hacen
con las funciones de mando (los más inescrupulosos, mentirosos, menos capaces,
menos cultos) y cada vez se produce un acrecentamiento de características y
acciones impensables años atrás: ya no hay miedo a mentir descaradamente, a
cambiar de parecer en cuestión de horas, a decir vulgaridades y agresiones
verbales. Ya no hay transgresión ni tabú que no se atrevan a cometer.
Se derraman como virus en la sociedad discursos llenos de
odio, vulgaridad, mentira, inflamación de las pasiones. Se muestran sin tapujos
actos de crueldad y sadismo a cielo abierto con orgullo y se transmiten en las
redes sociales como cuestiones honorables, ya nadie se espanta y ninguna
institución, en una civilización occidental supuestamente regida por los
principios de los derechos humanos y la justicia, ejerce ningún tipo de acción.
El caso Epstein muestra descarnadamente cómo se pueden cometer los peores actos
humanos y no enfrentar ningún problema judicial.
Y a medida que los
límites se van transgrediendo nos encontramos en una peligrosa espiral
descendente, donde todo parece posible. Donde la crisis terminal de sentido, la
hegemonía de lo cuantitativo señala no un triunfo, sino el agotamiento de un
mundo.
El capitalismo como
entorno evolutivo
Podemos entender al capitalismo como un entorno evolutivo
particular, alentando ciertos rasgos y desalentando otros.
En este caso,
¿Cuáles son las cualidades que aumentan las probabilidades de éxito dentro del
sistema? Obviamente si se quiere llegar a "triunfar" en este entorno
se necesita competitividad extrema, frialdad emocional, poca culpa, falta de
empatía, capacidad de instrumentalizar a otros. Pero estos rasgos -nos dicen los
especialistas- son notablemente similares a los rasgos asociados con la
psicopatía funcional.
El resultado es una
especie de selección cultural adversa: cuanto más adaptado está un individuo a
la lógica del sistema, más probable es que posea características psicológicas
que, en otros contextos, consideraríamos profundamente problemáticas.
Esta es la clave
para entender por qué el mundo se siente como se siente hoy. La selección de
rasgos que mencionamos (baja empatía, alta competitividad, enfoque en resultados
cuantitativos) no queda encerrada en Wall Street; actúa como un molde que
presiona a toda la sociedad.
Cuando un sistema es
exitoso (y acá el éxito es considerado sólo como monetario) se vuelve dominante
y todas las demás estructuras empiezan a copiar su forma para sobrevivir o
parecer legítimas.
Adiós a la solidaridad, a la cooperación, a la honestidad, a
la lealtad, a la verdad. En el sistema actual se paga caro la adhesión a estos
valores. Y en la cumbre del poder, su ejercicio implicaría la eyección
instantánea.
Estamos viendo y viviendo los resultados de haber creado una
civilización diseñada para ser operada por "psicópatas funcionales".
Y esto no es gratis.
Hoy todo es monetizable; el ser humano se ha convertido en
un recurso más, una pieza válida dentro de las reglas del sistema que
diseñamos. Todo se reduce a datos, cantidades y negocio:
- La
guerra y el genocidio: La muerte alimenta al gigantesco complejo
industrial armamentístico.
- La
captura de la atención: Aquello que nos define y nos permite
pensar está siendo extraído para enriquecer a Silicon Valley. Miles de
horas de vida humana se monetizan mediante la adicción a las redes,
provocando una epidemia de soledad y crisis de salud mental.
- El
deporte: Evolucionó de ser un juego en el que participábamos, a
un espectáculo y un negocio colonizado por las casas de apuestas y las
corporaciones.
- La
sexualidad: Se ha transformado en pornografía privatizada a
través de plataformas como OnlyFans, donde la supuesta
"liberación" femenina se traduce en autoexplotación,
sustituyendo al proxeneta tradicional por una estructura corporativa. O
las aplicaciones cómo Tinder.
- El
consumo y la salud: La industria se vuelca a la obsolescencia
programada y a la creación de ultraprocesados que garantizan la compra continua
y la enfermedad crónica.
- El
lucro en la salud: Un ejemplo trágico es la crisis de los opioides
en EE.UU., que ha cobrado un millón de vidas en una década cuando las
farmacéuticas priorizan las ganancias sobre la ética médica.
- La
ciencia y la academia: La
investigación ha sido cooptada por capitales privados, distorsionando la
búsqueda de la verdad en favor de intereses específicos.
- El
patrimonio humano: Nuestro ADN, nuestra privacidad y el
conocimiento acumulado por la especie están siendo secuestrados por una
pequeña élite para su beneficio exclusivo.
El capitalismo, en
síntesis, funciona como un proceso de selección evolutiva… pero de rasgos
psicopáticos.
Los estudios que
validan la preeminencia de psicópatas en puestos de poder
Es fascinante y aterrador ver cómo los datos respaldan lo
que venimos diciendo:
El estudio de Kevin Dutton, sostiene que, efectivamente, entre
nosotros hay «psicópatas funcionales» —diferentes de sus homólogos asesinos—
que utilizan su personalidad distante, imperturbable y carismática para
triunfar en la sociedad convencional y que, sorprendentemente, en algunos campos, cuanto más «psicópatas»
son las personas, más probabilidades tienen de triunfar.
Dutton sugiere que
la sociedad moderna ha construido pedestales para los rasgos
psicopáticos. Si el éxito se mide únicamente por la
acumulación, entonces el psicópata es, por definición, el
individuo más "evolucionado" o adaptado al capitalismo.
La única solución: el
cambio de paradigma
Hemos creado una forma de ver la vida y el mundo, un
paradigma. Ahora con estos lentes no podremos más que seguir profundizando la
multicrisis y distopia en la que nos encontramos. Es importante que entendamos que dentro de este entorno, dentro de este
paradigma, NO HAY SOLUCION.
La frase "No hay alternativa" es correcta dentro de este marco que hemos creado. En el capitalismo, cuidar del otro, ser
bondadoso, ser honesto, empatizar es una debilidad por la que se paga caro.
Absorbamos esto:
cuidar, ser bueno, ser honesto, querer al otro, está penalizado. Es una
debilidad. Si el diseño sistémico premia la insensibilidad, ¿qué podemos
esperar del futuro? ¿Qué podemos esperar a medida que la "selección
natural" siga eligiendo los especímenes humanos menos éticos y más cegados
por el poder y el dinero?
Nadie piensa que la
maldad, la crueldad y el egoísmo puedan ser eliminados totalmente de la
condición humana. Siempre habrá psicópatas, personas obsesionadas por el dinero
y el poder capaces de hacer cualquier cosa para conseguirlo. Sin
embargo, algo muy distinto es entronizarlas
y premiarlas, convirtiendo sus rasgos en requisitos de supervivencia.
Esta es una decisión de diseño asistida por una interpretación reduccionista y
errónea de la teoría evolutiva darwiniana.
Desandar esta trayectoria no va a ser fácil. Creo, a la luz
del genocidio y la guerra de EEUU e Israel contra Irán, que hemos perdido la
oportunidad de hacerlo sin un sufrimiento a gran escala.
Y lamentablemente para todos los activistas que queremos ir
directo a cambiar el mundo, la transformación necesaria es lenta, y debe ser
primero interna, de estructura mental, de lentes con los que miramos la
realidad.
Necesitamos
reconsiderar casi todo lo que se nos ha dicho y enseñado, casi todo lo que
hemos aprendido como cierto y volver nuestra mirada a nosotros mismos, a la
naturaleza, a nuestra propia esencia. Hacer permacultura interior.
Por suerte tenemos
una fuente de conocimientos a disposición en tradiciones milenarias y
ancestrales y -más recientemente- en estudios científicos que nos vienen dando
nuevas formas de entender la biología, la física, la Tierra, y a nosotros
mismos.
Lo extraño es que mucho de lo último y más novedoso de la
ciencia del siglo XXI (Física cuántica, Teoría de Endosimbiosis, Hipótesis
Gaia, Ciencias de la Tierra, Autopoiesis, Epigénetica) y tradiciones
ancestrales americanas y orientales convergen en otra forma de entender la vida y el universo: ya no desde la
separación del individuo-naturaleza -y por ende de la competencia- sino de la
interdependencia, la colaboración y la interrelación como motores de la
evolución y de la existencia.
Mientras que el budismo llegó a estas conclusiones mediante
la introspección y la meditación,
la ciencia ha llegado a ellas mediante la observación empírica.
Pero al final,
miremos por dónde lo miremos, existir es estar en relación, nada existe por sí
mismo sino en una red de vínculos, y mientras no podamos entender esto
intelectualmente y luego experiencialmente seguiremos en esta trayectoria
descendente, inhumana, cruel, vergonzante y distópica en la que estamos hoy.
Carolina Flynn
https://www.climaterra.org/post/psic%C3%B3patas-al-poder-la-selecci%C3%B3n-natural-del-capitalismo

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