¿QUIÉN CUIDA DE NOSOTROS MISMOS?
¿Qué estamos imaginando? Para nuestra vida y para el mundo, y esto va más allá de un cuestionamiento moralista, sino desde un lugar de satisfacción y autoconocimiento: ¿qué estás imaginando para tu existencia?, ¿qué estás imaginando para tu familia, pareja, hijos?, ¿te gusta lo que estás imaginando?, ¿qué estás haciendo para materializar eso que imaginas?
ARCO, La opera prima de Ugo Bienvenu esconde a plena vista una problemática presente situada en el futuro: una sociedad que basa su sistema de cuidados en los robots mientras los adultos están lejos, trabajando.
Una niña y un niño de diferentes tiempos se conocen para
proyectar un Arco Iris que expone la crisis de los cuidados, el
tecnosolucionismo, la soledad, la memoria, el existencialismo y la
trascendencia en una paradoja que,
a simple vista, parecen ser sólo dibujitos.
Tecnológicamente conectados, humanamente distantes
En las sociedades capitalistas la crianza y los cuidados se
desestiman en comparación con lo importante que es la producción de bienes y
servicios para la acumulación de riqueza. La humanidad se precarizó porque los
cuidados no son de importancia corporativa.
Históricamente, la crianza y cuidado fue responsabilidad de
las mujeres sin remuneración alguna, hoy se pretende delegar esas tareas a las
inteligencias artificiales y paulatinamente a los robots.
Esto se ve materializado en Arco,
mostrando una sociedad donde los
adultos están todo el tiempo abstraídos en una realidad virtual que
hicieron propia al portar todo el tiempo unos lentes que les permiten
conectarse con cualquier persona; esa promesa de conectividad que desde los
primeros años del Internet 2.0 existe, algo que el sociólogo Manuel Castells
nombró Sociedad Red: "la
Sociedad Red es la sociedad que estructura sus relaciones de producción,
experiencia, poder y cultura en torno a redes digitales".
La película ganadora a mejor largometraje independiente en los Annie Awards
2026 es explícita al mostrar que esta hiper conectividad ha permeado
en los cuidados y la crianza: Iris, es una niña que fue criada por el
robot-niñera, Mikki, mientras sus padres sólo “conviven” con ella
mediante hologramas a la hora de cenar; Iris cuida a su hermano menor,
sostenida por la amistad de Clifford y la añoranza de encontrar su propio lugar
en el mundo, hasta que una mañana se encuentra con un niño que cae de un
arcoíris, un viajero del tiempo: Arco.
Ambos personajes se
dan cuenta que el mundo de cada uno es distinto al otro, y no sólo por el
tiempo sino por cómo se relacionan con su entorno. Para Arco es
impresionante cómo no hay naturaleza y los padres de su nueva amiga no están
cerca; mientras que para Iris es una revelación tras otra, se da cuenta que el
mundo puede ser diferente, que lo que ella necesita no es un capricho, ella
necesita cuidado y cercanía; conocer a Arco le permite legitimar sus
necesidades y exigirlas desde un lugar de justicia.
La tecnología que no nos toca
La crisis de los cuidados es inherente al capitalismo, igual
que el desarrollo tecnológico y el individualismo; la paradoja de que la
tecnología nos va a conectar siempre y cuando no contradiga el orden de
producir y consumir, lucra con nuestra necesidad evolutiva de ser mirados.
La filósofa francesa, Sandra Laugier, afirma que, “la ética del cuidado deja claro
que, incluso en un mundo que valora tanto la autonomía, seguimos dependiendo
vitalmente de los demás. La vulnerabilidad es una cuestión política, un aspecto
fundamental de la vida humana”.
Esta vulnerabilidad la vive cada uno de los personajes a lo
largo de la película; y no es por coincidencia, sino por convicción, cada
personaje (principal y secundario) está convencido que el mundo que conoce no
es lo único que puede y tiene que vivir. Y eso está fuera de la tecnología.
El tecnosolucionismo es
creer que la tecnología puede resolver cualquier problema, incluso aquellos que
la misma tecnología genera. Por ejemplo: si no podemos cuidar a nuestros hijos,
entonces, inventamos robots para que lo hagan por nosotros; si no puedo tener
una planta en la casa porque nunca estoy ahí, entonces, pongo un holograma de
una planta que no necesite de mis cuidados (igual que mi hija), o poner un domo
que me proteja de la lluvia mientras riego el jardín con una manguera.
El tecnosolucionismo
responde a una necesidad artificial de consumo para resolver un problema que en
sí mismo no lo es, y al igual que la crisis de los cuidados, es
inherente al capitalismo. En Arco se cuestiona de manera sutil
esta condición, y qué mejor que a través de la misma tecnología:
Mi personaje favorito fue el robot-niñera, Mikki, porque el
sentido de humanidad recae en él, en la máquina con “corazón”, un recurso que
hemos visto desde El Mago de Oz, los androides de Star Wars,
pasando por Wall-E y es lo que más quisiéramos de la Alexa que
tenemos en casa y nunca nos entiende lo qué le pedimos.
Mikki es la metáfora de lo que Jean‑Paul Sartre conceptualizó como Le Regard (la mirada), donde
afirma que es la mirada del otro que transforma la relación del sujeto consigo
mismo; es decir existimos hasta que el Otro nos define. Mikki cobró existencia
al ser mirado no sólo como un robot, sino un compañero, un cómplice, familia, y
al mismo tiempo deja un legado tallado en piedra donde legitima la existencia
de Arco e Iris. La existencia humana se revela con acciones que trascienden el
tiempo de vida de cada persona, y eso lo entendió un robot-niñera: somos lo que construimos, no lo que tenemos.
La deuda con nuestra historia
He estado dando vueltas a este tema para no sonar un señor
rancio que rechaza toda la tecnología, pero sí rechazo las dinámicas sociales y culturales que estamos viviendo sin
siquiera atrevernos a cuestionarlas. El desarrollo tecnológico nos ha
traído hasta aquí, pero también la vida en comunidad, el cuidado, los lazos
sociales, la cultura, la organización colectiva; de lo contrario un solo
individuo hubiera sido devorado en la sabana africana hace milenios; estamos aquí por nuestros éxitos colectivos,
la individualidad es un producto ¡No lo compres!
En una entrevista
para el portal La Tercera, el director Ugo Bienvenu
afirmó: “Quizá nuestro trabajo como escritores de ciencia ficción sea
difundir cosas mejores en el futuro para que puedan suceder (en la realidad).
Porque si queremos que suceda lo mejor, primero tenemos que imaginarlo”.
Aquí es donde vale la pena preguntarnos, ¿qué estamos imaginando? Para
nuestra vida y para el mundo, y esto va más allá de un cuestionamiento
moralino, sino desde un lugar de satisfacción y autoconocimiento: ¿qué estás
imaginando para existencia?, ¿qué estás imaginando para tu familia, pareja,
hijos?, ¿te gusta lo que estás imaginando?, ¿qué estás haciendo para
materializar eso que imaginas?
Nuestras acciones nos definen, pero también la mirada del
Otro, nuestras relaciones, nuestras convicciones, y esa es la gran lección que
nos deja Arco: hay que
salir a buscar lo que queremos para nosotros y cuidar nuestros lazos.
La humanidad necesita más congruencia y cuidado que
tecnología, necesita padres presentes, no hologramas; necesita amigos que se
apoyen, no perseguidores obstinados en buscar la verdad; necesita amor y
entrega, valentía para cuestionar lo que se nos ha dado, coraje para renunciar
a los lentes de realidad virtual y empezar a ver a quienes nos rodean.
No hay paradoja más grande que el legado que dejamos a través
de nuestras acciones, todo influye en el futuro. Detengámonos para imaginar, y
luego construir un futuro más humano, es momento de cuidarnos de nosotros
mismos.
https://pijamasurf.com/2026/02/baturrillo_quien_nos_cuida_de_nosotros_mismos/

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