LA BÚSQUEDA INCESANTE DEL CRECIMIENTO
Es lo que está llevando a Grecia a la autodestrucción
La contradicción del
capitalismo consiste en que el crecimiento simplemente nutre a aquellos que ya
son ricos. En su lugar, Grecia debería recuperar el dracma y mantener bajo
control el ánimo de lucro.
El voto a favor
del NO en Grecia ha dejado a todo el mundo preguntándose acerca de su
auténticas implicaciones. Aunque el resumen del asunto nos dice que el NO ganó con el 61,3% de los votos, quizás no sea la
apoteósica victoria que algunos han jaleado.
Para
empezar, existe confusión acerca de lo que trataba realmente el referéndum.
¿Votaba la gente de Grecia para decidir si permanecían en el euro? ¿Era para
decir no a más austeridad? O ¿para defender el orgullo patrio y la cultura del
sur de Europa? Si ayer hablabas con griegas o griegos, podías llegar a pensar
que se habían celebrado simultáneamente varios referendos distintos (lo cual
ilustra perfectamente lo enlodadas que están las aguas de la crisis de la
deuda).
Para muchas
personas que han venido siguiendo la crisis durante los últimos cinco meses, ha
quedado claro que no se trata sólo de la deuda griega. Por debajo de las
tensiones culturales y de los desagradables estereotipos, se está desarrollando
una guerra ideológica. Esta batalla está teniendo lugar porque el actual
sistema económico sólo tiene dos posibles respuestas ante las crisis de deuda,
las recesiones y la ralentización del crecimiento económico: el estímulo y la austeridad.
El estímulo consiste
en que el gobierno inyecta dinero a la economía para animar el gasto de los
consumidores, lo cual en teoría debe llevar al crecimiento económico. En los
últimos tiempos, los esfuerzos para el estímulo han tomado la forma de gasto
público en infraestructuras y otros proyectos socialmente beneficiosos
(pensemos en el New
Deal) y la flexibilización cuantitativa (quantitative easing).
La austeridad
consiste en una serie de medidas que buscan recortar el gasto público y reducir
el tamaño del sector público para hacer la economía menos dependiente de él, lo
cual, en teoría, debería estimular y haría florecer el libre mercado (o sea, el neoliberalismo).
Los contrarios al estímulo liderado por el gobierno se preguntan
cómo puede crecer la economía si el Estado tiene que mantener en continua
expansión su deuda y/o la masa monetaria para comenzar nuevos proyectos y
estimular la economía. ¿No resultará al final que la estimulación que
proporciona no compensa el incremento del nivel de la deuda?
Las personas opuestas a la austeridad, por contra, se preguntan
cómo puede crecer la economía si la gente consigue menos dinero y los impuestos
son más altos: la gente se pondrá a ahorrar, no a gastar, y el crecimiento
económico se basa en el consumo.
Se considera con
frecuencia que el tema austeridad vs. estímulo es el que define el marco completo del
debate: si no apoyas una cosa, debes apoyar la otra, porque no hay más
alternativas. Es el mismo debate binario que ha existido durante más de cien
años acerca de Estado vs. Mercado.
Sin embargo, estas dicotomías evitan que la gente pueda pensar en lo que es
realmente importante: el objetivo de estas políticas, es decir, hacer crecer la
economía.
No he leído hasta ahora ningún análisis que haya puesto en
cuestión el papel dañino que desempeña la incesante búsqueda del crecimiento
económico. Ni la austeridad ni el estímulo estatal serán capaces nunca de
afrontar las crisis de la deuda y las recesiones del siglo XXI porque de lo que
tratamos aquí es de una contradicción inherente del capitalismo.
Está contradicción surge del hecho de que el excedente económico
(la ganancia) del sistema se está sacando de la economía real (la economía de
los bienes y servicios físicos) y se está metiendo en el sector financiero para
generar más riqueza para la gente que ya es rica. Esto exige que la economía crezca
continuamente para compensar la extracción del beneficio, lo cual viene a ser
la extracción del excedente económico.
No obstante, esta
extracción de beneficio es el mismo mecanismo que está en la raíz de los
disparados niveles de desigualdad. Un reciente informe de Oxfam estima
que, en 2016, el 1% más rico del mundo poseerá más que el otro 99%. Si el/la
ciudadano/a medio/a gana cada año menos, en términos relativos, o las pasa
canutas para simplemente mantener el mismo estado de sus finanzas, entonces no
podrá permitirse comprar cada vez más y más productos y servicios, así que la
economía no podrá crecer como lo hacía cuando había más igualdad financiera.
Así pues, el capitalismo siempre ha llevado consigo la semilla de su propia
muerte.
Estamos
presenciando esta autodestrucción en Grecia. El actual gobierno de Syriza
quiere volver a la mesa de negociación y crear un nuevo acuerdo de rescate que
reduzca la deuda a un nivel más manejable y reforme el sector público de manera
que no afecte a la gente más vulnerable. Esto seguiría siendo austeridad,
aunque en una versión más suave de la que ha habido durante los cinco últimos
años.
Yanis Varoufakis ha dimitido de su cargo como ministro griego de
finanzas para facilitar las negociaciones entre Grecia y sus socios europeos en
la esperanza de que se alcance tal acuerdo. Si no se alcanza ese acuerdo,
Grecia bien podría volver al dracma. Aun así, el gobierno no tiene un plan
claro para esto y una salida no planificada del euro sería dolorosa, con la
gente más pobre recibiendo el golpe más duro.
En todos estos escenarios, el objetivo del gobierno seguiría
siendo volver a activar el crecimiento económico, incluso a costa de crear más
desigualdad. Ninguna de estas opciones va a la base de la contradicción
intrínseca del capitalismo. No hay
manera de que salgamos de esta crisis creciendo; ni para Grecia, ni para el
resto del mundo. Lo que estamos presenciando es el comienzo del colapso del
capitalismo.
Así pues, ¿cuál sería un camino sostenible para que Grecia pueda
avanzar? Si el gobierno griego pudiera ver que no va a ser capaz de reactivar
el crecimiento, y que el crecimiento del PIB es un medio para un fin, y no un
fin en sí mismo, existen pasos que podría dar para comenzar a construir un
nuevo camino a la prosperidad para su pueblo.
Aparte de lo
básico (reestructurar la deuda griega, profundas reformas en el sector público
para hacerlo más transparente y responsable, así como el reforzamiento de la economía solidaria), propongo lo siguiente:
1. Grecia debería volver a una moneda nacional
para disponer de una capacidad de decisión más autónoma en lo que respecta a su
propia economía, algo necesario si pretende construir una vía más sostenible.
Esto no es un movimiento sencillo, así que el gobierno tendrá que planear dicha
transición, con redes de seguridad para proteger a las personas más
vulnerables.
2. El gobierno debería nacionalizar los bancos
y animar a la gente a poner en marcha cooperativas de crédito. Esto volvería a
alinear el sector bancario con las necesidades de la ciudadanía y haría a los
bancos más resilientes. Las cooperativas de crédito empoderarían a la gente
para tomar los asuntos financieros en sus propias manos.
3. Grecia debería evitar que las empresas con
ánimo de lucro acaparasen, comprándola, la riqueza común. Esto podría hacerse
mediante fideicomisos de tierra (land trusts),
iniciativas sin ánimo de lucro y modificando la Constitución para impedir que
el gobierno liquidase los bienes comunes.
4. El gobierno griego debería poner en marcha
un índice del bienestar o de la felicidad para medir el éxito, como hace Bután. En esta era de la desigualdad, la
gente de la clase trabajadora y la desempleada pueden rápidamente caer por las
grietas producidas en el crecimiento del PIB.
5. Las empresas y el gobierno deberían acortar
la semana laboral e impulsar el reparto
del trabajo, de modo que más gente pueda tener empleos a tiempo
parcial. Esto contrarrestaría el actual problema de que algunas personas no
tengan empleo mientras otras trabajan 50 horas a la semana.
6. Finalmente, el gobierno debería crear leyes
e impulsos para las iniciativas no lucrativas en todos los sectores para
prevenir la extracción de los beneficios producidos desde la economía real y
animar a los emprendedores e innovadores sociales a poner en marcha sus propias
iniciativas sin ánimo de lucro. Estas iniciativas ayudarían a aliviar la crisis
humanitaria en Grecia, a crear una economía más estable y a mantener el
excedente financiero dentro de la economía real. Mediante la creación de una
economía en torno a los objetivos sociales, Grecia podría actuar como guía
hacia la era poscapitalista, en lugar de caer víctima del inevitable colapso
del capitalismo que estamos presenciando.
Jennifer
Hinton
Artículo publicado en The Guardian el día 07/07/2015 y traducido, con permiso de la autora, por Manuel Casal Lodeiro, con la revisión de Xoán Ramón Doldán García.
Artículo publicado en The Guardian el día 07/07/2015 y traducido, con permiso de la autora, por Manuel Casal Lodeiro, con la revisión de Xoán Ramón Doldán García.
Notas del traductor
Se ha respetado la denominación
de austeridad de la autora, aunque considero
que esa palabra no es adecuada y que es un eufemismo interesado introducido por
el neoliberalismo cuando en realidad se trata de recortes en unos tipos de
gasto muy determinados mientras que para otras cuestiones se mantienen o
incluso aumentan gastos públicos en beneficio, habitualmente, de las élites.
Quien es austero o austera, lo es
en todos sus gastos. Cuando se trata de quitar dinero de un lado (social) para
meterlo en otro (lucro privado capitalista) deberíamos rechazar el uso de esa
palabra.
También se ha mantenido la
palabra rescate que emplea la autora, aunque no
se trate de tal en el caso griego, sino más bien de nuevos préstamos. Un rescate da a entender que el dinero se concede a fondo perdido, con pocas
o ninguna condición, como fue el caso de las entidades financieras en los
momentos iniciales de esta Crisis Terminal.
Se afirma en el artículo que el
gobierno griego no tiene un plan para salir del euro. Bien, creo que debería
matizarse diciendo que se sepa.
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