EL INFIERNO EXISTE
ES LA GRANJA EN LA
QUE VIVIMOS
Trabaja, consume, obedece, sé feliz
El ciclo de vida de un cerdo en una granja es simple: nacer,
engordar y ser sacrificado para servir de alimento. Para nosotros, los
humanos, resulta normal que los animales destinados a la alimentación se
maten para nutrirnos y extraer, por ejemplo, esas tan preciadas
proteínas.
En la cultura europea se comen vacas, cerdos, pollos, etc. Es lo habitual. No se comen perros, como en China. Un cerdo y un perro se parecen en inteligencia; el cerdo, de hecho, suele ganar. Imaginaos que de pronto anunciaran que hay que sustituir la carne de cerdo por carne de perro: mucha gente se escandalizaría. De los cerdos, en cambio, nadie se apiada. Se comen y punto. Sin remordimiento.
Nuestro mundo —y la naturaleza— tiene un diseño de una elegancia
satánica: para vivir hay que comerse a otros seres. La selva se parece
bastante a la sociedad humana. Allí los vivos se ordenan según la escala
trófica: quién come, quién es comido, desde la planta hasta el depredador
grande.
Si en la selva eres un roedor, vives en alerta incluso
dentro de la madriguera. Cada vez que sales puede devorarte un ave rapaz,
una serpiente o un felino. El diseño es retorcido. El creador, si existe,
es un cabronazo con vocación de ingeniero.
Llegó la hora: Los humanos ya no éramos lo máximo
en la escala trófica
Desde 2020 las cosas han cambiado de raíz. Quien no lo haya
visto y siga creyendo que vivimos en una sociedad dirigida por otros
seres humanos está, con todo respeto, muy perdido. Para una mente
racional resulta difícil creer que otros humanos hayan diseñado un plan
tan perverso como lo ocurrido con la bien llamada «plandemia»: la
disculpa perfecta para medir el nivel de obediencia del rebaño. El
objetivo ha sido sacrificar en el altar de la medicina de la bestia a
millones de incautos que entregaron el brazo —y el de sus hijos— a la
aguja de Satanás.
Y ahora la pregunta incómoda, políticamente incorrecta y, si
se quiere, conspiranoica: ¿quién controla la granja humana? Para que no
censuren el texto, llamémoslos la tribu del pueblo elegido de los alubios.
Quien quiera entender, que entienda.
Los alubios y el manual de instrucciones de la
humanidad
Esa tribu no se considera humana. Es una fracción ínfima de
los bípedos que usan zapatos, pantalón, camisa y los inventos fabricados por el resto de habitantes de este mundo que nos
pintan desde la NASA, también bajo su órbita del mayor plató del
mundo.
Para ellos somos ganado. Y lo dicen sin demasiado pudor. Un
alubio afirmó en TV que un alubio vale por diez millones de humanos. La
mitología añade que el primer alubio nació del cruce entre un anunnaki y
un neandertal: de ahí la casta pastora y los dioses de
guardia.
En el mito de Atrahasis se cuenta que, antes de crear al ser
humano, los dioses tenían que trabajar para vivir. Los anunna consiguieron
que una clase inferior, los igigi, trabajara para ellos hasta que se
rebelaron. Entonces pensaron a exterminarlos. Enki creó a la humanidad
para que asumiera las tareas abandonadas y, mediante el
«culto», suministrara alimento y oro a los dioses.
Para controlar a los humanos, los anunna crearon a los
pastores actuales: los alubios. Les entregaron el manual de instrucciones de la
especie.
Representarían apenas el 0,2 % de la población frente al
99,8 % restante, y sin embargo controlarían bancos centrales, buena parte
de los medios, la energía, las farmacéuticas, las guerras, etc., etc.,
etc.
Para gobernar la granja, desde que naces, te inyectan
brebajes que anulan el raciocinio y te convierten en ganado obediente y
telecreyente.
La frase célebre del buen “Goyim” es esta: «¿Cómo va a ser
mentira si lo dice el telediario?»
LA GRANJA HUMANA
Ciclo de vida: Nacer - trabajar - pagar -
morir
El esquema social se parece al de una granja de cerdos, y el
ciclo también.
Nada más nacer, brebajes para volverte enfermo crónico,
dóciles como ovejas y con el cerebro bien frito.
Después, años encerrado en el sistema educativo hasta salir
borrego de manual. Luego, una vida de trabajo mediocre e impuestos. Cuando
te das cuenta ya eres viejo y estás listo para que te amortizen en los
centros «satanitarios».
La tribu habría decidido que la cabaña humana ha crecido de
más. Las deidades habrían fijado el sacrificio del 80 %. Para ello, la
Agenda 2030: plan de matanza disfrazado de niña inocente con un rosco de
colores. La niña, claro, no es una niña normal: es la del
Exorcista.
El sustituto de los Humanos: Los robots humanoides
En los últimos años habrían apostado por China y sentenciado
a Europa: destruir medios de producción y llenar el continente de
africanos para diluir a la población blanca, que molesta a sus planes.
Además, demasiadas ovejas empiezan a hacer preguntas y a dudar de «la
historia que nos vendieron».
El objetivo, según este esquema, sería reducir la especie a
un número manejable y encerrar a los supervivientes en ciudades-campo de
concentración de 15 minutos, para que no se repita la rebelión de los
igigi.
Confían en que la IA y los robots humanoides resuelvan suministro,
comida e infraestructuras.
Cabe dudar de que el plan salga bien. Siempre terminan
haciendo lo mismo y esta vez pisan el acelerador con un desquicie que
provoca el efecto contrario: de ese 99,8 % de ovejas, antes de la
plandemia un 5 % se enteraba; ahora habría subido otro 5 %. Y eso puede
torcerles el guion a estos seres de inframundo.
Mensaje para los Fact Checkers: todo lo escrito aquí es pura
ficción, alubio, significa habichuelo. Si os toca los huevos,
tranquilidad: Roma no paga traidores.
Alex Díaz
https://eldiestro.info/2026/09/el-infierno-existe-es-la-granja-en-la-que-vivimos/

No hay comentarios:
Publicar un comentario