DIÁLOGO INTERIOR
No tengo dónde acudir. Se me agotan las opciones. Allí
donde intento ocultarme, me estás mirando, observando, descubriéndome. No me
dejas hacer nada sin sentir tu presencia, tu mirada inquisidora. Me incomodas,
me turbas, no tengo intimidad.
– Debes comprender que no tienes vida propia, más que la que
Yo te confiero.
¿La que tú me confieres? Yo siempre he hecho lo que he querido. Claro que tengo vida propia, la he saboreado, la he disfrutado y también la he sufrido. Me he equivocado a veces, pero también he aprendido a ser mejor, más efectivo y hacer lo que quería.
– Ese es el problema, que lo que tú querías no es lo que Yo quiero.



