DECRECIMIENTO: ¿MENOS ES MÁS?
En
estos tiempos que nos ha tocado vivir todo cambia a velocidad
vertiginosa. Esto, unido al aluvión de informaciones que recibimos a
diario sobre miles de temas, hace que para tener una opinión
mínimamente “macerada” haya que indagar intensamente, comparar
informaciones, descartarlas, replantearlas y mantenerlas actualizadas
de manera constante.
Soy una persona
inquieta e investigadora, me gusta conocer los distintas perspectivas
desde las cuales puede verse todo lo que nos rodea y la curiosidad me
lleva a estar constantemente buscando información sobre muchos y
diversos temas. Me gusta saber, pero reconozco que en este empeño a
menudo me siento desbordada, perdida en la inmensidad y complejidad
de esta sociedad que hemos creado. Y cada vez con más frecuencia, me
invade la necesidad de mantenerme cerca de las cosas sencillas de la
vida, las que hacen que me sienta más próxima a lo que realmente
soy, a lo que somos, a nuestra naturaleza más básica y esencial. Es
por ello que en los últimos años intento conocer y acercarme a
corrientes de pensamiento y formas de vida que entienden el mundo
desde esta perspectiva.
Así,
un día me asomé al concepto de decrecimiento. Antes
de entrar a tratar el tema en cuestión, puedo adelantar que muchas
personas reaccionan ante él de una manera escéptica e incluso
defensiva, pues encuentran bastantes connotaciones negativas en el
propio concepto y en su definición, y puedo entender que así sea
cuando se conocen las motivaciones y objetivos del movimiento social
que lleva asociado.









