PRESENTE LÍQUIDO, FUTURO VAPOROSO
El anuncio empezaba con un chico que acudía a una de esas
quedadas en las que tienes que ir rotando de mesa en mesa buscando el flechazo
en conversaciones sucesivas de apenas cinco minutos. Ya en el coche le enseñaba
a la elegida un tatuaje con el nombre de ella, a lo que ella respondía
enseñando otro con el nombre de él, y ambos se reían. No es que estuvieran
predestinados, es que habían buscado a una persona que se llamara igual que sus
exparejas.
El anuncio —que, por cierto, era de coches— tiene algunos años ya, pero aventuraba un enfrentamiento que ha acabado por estallar en los últimos años. No se trata de la típica contienda generacional entre lo nuevo y lo viejo, o lo convencional y lo innovador, sino directamente entre aquellas cosas que antes eran estables y un mundo actual en el que impera todo lo que no es duradero. Si cometiste el error de tatuarte el nombre de otra persona, al menos encuentra la forma de darle una nueva vida.