LOS FAVORITOS DE DIOS
Todos sabemos que el cristianismo es la doctrina que enseñó un hombre, que fue llamado Jesús, y después Cristo (o Jesucristo). ¿Se puede afirmar que tal maestro existió? Sí, porque nos llegó su doctrina. ¿Qué sentido tiene negar su existencia si su obra perdura? Su ejemplo sigue ahí, disponible para todo aquel que lo quiera imitar.
Entretenerse en averiguaciones
sobre quién lo dictó, dónde y cuándo, ¿no es como intentar descubrir el sexo de
los ángeles? ¿No es como buscar al que te ha disparado en vez de buscar al
médico?
¿Qué es lo que enseñaba ese hombre? Pues básicamente podría resumirse en una frase: “No hagas a los demás aquello que no te gustaría que los demás te hicieran”. Él aseguraba que, respetando esa sencilla regla, todo el mundo se podía salvar.
