LA INDEFENSIÓN APRENDIDA
La teoría de Martin
Seligman que explica por qué dejamos de luchar
La indefensión
aprendida es uno de los conceptos más influyentes de la psicología
moderna. Desarrollado por el psicólogo estadounidense Martin Seligman a finales de los
años 60, este fenómeno describe cómo las personas (o animales) que experimentan
repetidamente situaciones aversivas o dolorosas sobre las que no tienen control terminan por
rendirse y dejar de actuar, incluso cuando más tarde surge una oportunidad real
de escapar o mejorar su situación.
Esta teoría no solo ayuda a entender la depresión, sino que también arroja luz sobre fenómenos sociales como la pasividad colectiva ante crisis prolongadas, la resignación ante problemas estructurales o la dificultad para movilizarse ante injusticias.
El experimento
clásico con perros (1967)
Todo comenzó en los laboratorios de la Universidad de
Pensilvania. Seligman y sus colaboradores, diseñaron un experimento con tres
grupos de perros:
- Grupo 1 (control): Los perros no recibían
descargas eléctricas previas.
- Grupo 2 (escapable): Los perros
recibían descargas, pero podían terminarlas presionando un panel con el
hocico.
- Grupo 3 (inescapable): Los perros
recibían exactamente las mismas descargas que el grupo 2, pero sin posibilidad de controlarlas (estaban
“yokeados” o emparejados).
En una segunda fase, todos los perros se colocaban en una
caja de shuttle (dividida por una barrera baja) donde podían escapar de las descargas
simplemente saltando al otro lado.
Resultado sorprendente:
Los perros del Grupo 1 y 2 aprendían rápidamente a saltar y escapar. Sin
embargo, la mayoría de los perros del Grupo 3 no lo intentaban siquiera. Se quedaban tumbados, gimiendo,
aceptando las descargas sin hacer nada por evitarlas. Habían “aprendido” que
sus acciones no servían de nada.
Este diseño “triádico” demostró que no era el dolor en sí lo
que producía la pasividad, sino la percepción
de incontrolabilidad.
¿Qué ocurre exactamente en la indefensión aprendida?
Seligman identificó tres tipos de déficits principales:
- Déficit motivacional: La persona
(o animal) pierde la iniciativa para responder. ¿Para qué intentarlo si
nada cambia?
- Déficit cognitivo: Dificultad
para aprender que, en una nueva situación, sí existe control. La
experiencia pasada interfiere.
- Déficit emocional: Aumento de
estrés, ansiedad y, en humanos, síntomas depresivos (tristeza, falta de
energía, sentimientos de inutilidad).
En los años 70, Seligman extendió la teoría a los humanos y
la vinculó directamente con la depresión.
Propuso que muchas depresiones se originan cuando alguien percibe que los
eventos negativos importantes de su vida son incontrolables.
La reformulación: el
papel de las atribuciones
La versión original recibió críticas porque no explicaba por
qué algunas personas se deprimían más que otras ante situaciones similares. En
1978, Seligman junto a Abramson y Teasdale reformularon la teoría incorporando
la teoría de la atribución.
Según esta versión:
- No
basta con percibir falta de control.
- Lo
decisivo es cómo explicamos esa
falta de control (estilo atribucional).
Las atribuciones que más favorecen la indefensión y la
depresión son aquellas que son:
- Internas (“soy
yo el inútil”).
- Estables (“siempre
será así”).
- Globales (“afecta
a toda mi vida”).
Ejemplo: una persona que fracasa en varios trabajos y piensa
“soy un fracaso total y siempre lo seré” tiene más riesgo de caer en
indefensión que alguien que piensa “esta empresa concreta tenía problemas y el
mercado está mal ahora”.
Esta reformulación convirtió la teoría en un modelo más
potente para entender la vulnerabilidad individual a la depresión.
Aplicaciones en la
vida real y en la sociedad
La indefensión aprendida no se queda en el laboratorio. Se
observa en:
- Víctimas de abuso prolongado
(doméstico, laboral o institucional) que dejan de intentar escapar.
- Pacientes crónicos o
personas en situaciones de pobreza extrema que perciben que sus esfuerzos
no cambian nada.
- Niños en entornos educativos muy
controlados o punitivos que pierden la curiosidad y la iniciativa.
- Contextos sociales y políticos:
cuando las crisis se prolongan durante años (económicas, sanitarias, etc.)
y la gente siente que “da igual lo que hagamos, nada cambia”, puede
aparecer una pasividad colectiva. La energía para protestar o exigir
mejoras se agota, y la resignación o la evasión (redes sociales, consumo)
ocupan su lugar.
En España, algunos analistas han relacionado este concepto
con la evolución de la sociedad tras la crisis de 2008 y las movilizaciones del
15M: tras años de recortes, precariedad y sensación de que “el sistema no
responde”, parte de la población desarrolló una forma de fatiga o resignación,
aunque los problemas estructurales (vivienda, salarios, futuro de los jóvenes)
persistan.
¿Se puede
“desaprender” la indefensión?
Sí. Seligman demostró que la indefensión no es irreversible.
En los experimentos con perros, la “terapia directiva” (guiar físicamente al
animal para que experimentara que su acción sí producía alivio) lograba que
recuperaran la iniciativa.
En humanos, las estrategias más efectivas incluyen:
- Exposición a experiencias de control exitosas,
aunque sean pequeñas al principio (terapia conductual).
- Cambiar el estilo atribucional (terapia
cognitivo-conductual).
- Entrenamiento en resiliencia y
optimismo aprendido (Seligman desarrolló la Psicología Positiva precisamente para contrarrestar
estos efectos).
- Reconstruir
la sensación de autoeficacia (creencia
en que nuestras acciones importan).
Conclusión: una
lección de esperanza
La teoría de la indefensión aprendida nos recuerda algo
poderoso: el peor daño no siempre
viene del sufrimiento en sí, sino de la creencia de que no podemos hacer nada
al respecto.
Entender este mecanismo nos ayuda a ser más compasivos con
quienes parecen “resignados” y, sobre todo, a reconocer cuándo nosotros mismos
estamos cayendo en esa trampa. Porque si la indefensión se aprende, también se
puede desaprender.
Recuperar la sensación de control —aunque sea en pequeñas
áreas de nuestra vida— es el primer paso para salir de esa cárcel psicológica
invisible.

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