28.4.26

Os escribimos, para recordar que todos formamos parte de un mismo movimiento

CARTA ABIERTA DE NOSOTROS A NOSOTROS

Parece que no hay nadie más, 
solo nosotros que por fin ya no creemos en nada. -Silvia Bardelás, Destiempo.

Os escribimos, nos escribimos, desde el lugar donde aún respiramos juntos. No desde una nación, ni desde una doctrina, ni desde la altura de una verdad recién descubierta. Os escribimos, nos escribimos, desde la grieta que compartimos...

Levantáis ciudades, pero también las ruinas que las rodean. Trazáis mapas, fronteras, teorías, y después olvidáis que son eso: mapas, fronteras, teorías. Os asombra la violencia del mundo como si no tuviera vuestra caligrafía. Os decís que el desastre ocurre "afuera". Pero ese afuera es solo un espejo multiplicado. Lo que llamáis crisis es solo la prolongación de un hábito invisible.

Pensáis. Y, al pensar, separáis lo que nunca estuvo dividido. Nombráis fragmentos y los tratáis como si fueran totalidades. Creáis barreras donde sólo hay continuidad. Después defendéis esos bordes con miedo, con leyes, con sangre. Habéis aprendido a confiar en las imágenes más que en la vida que intentan describir.

El símbolo se endurece, la metáfora se vuelve muro, la idea se disfraza de hecho. Decís "esto es así", y la frase cae con el peso de una piedra, olvidando que sois vosotros los que la talláis. Os representáis el mundo, y luego habitáis esa representación como si fuera la única tierra posible. 

Os representáis al enemigo, y la imagen activa antiguas alarmas químicas. Huís, o atacáis, o quedáis paralizados, aunque la amenaza sea sólo un eco. Vuestro cuerpo no distingue con claridad entre el tigre y su imagen. Entre la selva y su sombra.

Ignoráis cuándo no hay un problema que resolver sino un nudo que deshacer. Intentáis arreglar la paradoja con las mismas herramientas que la tejen. Queréis ser invulnerables y al mismo tiempo ser amados. Queréis sinceridad sin atravesar el temblor que la exige. Queréis paz sin cuestionar las imágenes y representaciones bajo las que os protegéis.

Así crece la confusión: cada solución afila una nueva arista. Cada intento de control refuerza el conflicto. Os habéis tomado demasiado en serio las historias que os contáis. Les habéis concedido estatuto de destino. Decís "yo" como si señalarais un terreno firme. Pero ese yo es un coro antiguo, una herencia de voces, un archivo compartido que se actualiza sin cesar.

Creéis pensar de manera privada mientras respiráis un pensamiento común. No estáis aislados en vuestras mentes; sois un campo que se piensa a sí mismo. Y sin embargo, casi nunca miráis el acto de pensar. Miráis sus productos, sus conclusiones, sus banderas. Rara vez observáis el movimiento que las fabrica. Si aprendierais a atender no sólo a lo que pensáis sino al modo en que surge el pensamiento, tal vez descubriríais el truco. La ilusión perdería dramatismo. El hechizo no necesitaría ser roto: bastaría con verlo.

No planteamos una nueva doctrina. No traemos un programa de salvación. No ofrecemos una meta futura ni un método garantizado. Proponemos, si esa palabra aún sirve, una pausa sin huida. Permanecer juntos ante la contradicción que sois. Sentir impulsos pero no obedecerlos de inmediato. Reconocer que la herida y la mano que intenta cerrarla pertenecen al mismo cuerpo.

No se trata de corregir el mundo como quien repara una máquina externa. Se trata de advertir que el mundo que experimentáis está entrelazado con vuestras imágenes. Al transformar vuestra imagen colectiva, la tierra cambia de forma bajo vuestros pies. Hay muchos mundos posibles. No porque podáis inventarlos a capricho, sino porque lo que llamáis mundo es inseparable del modo en que lo concebís juntos.

No estáis condenados por la tecnología, ni por la historia, ni por la biología que vibra en vuestros nervios. Estáis atrapados, sobre todo, en representaciones que no sabéis que lo son. Si veis esto con claridad, no como teoría, no como consuelo, sino como hecho vivo, algo se destensa.

No prometemos redención. No proyectamos una utopía. Solo afirmamos que la atención compartida es más profunda que el miedo compartido. Que el pensamiento puede reconocerse sin convertirse en enemigo de sí mismo. Que la paradoja, cuando es plenamente entendida, deja de exigir solución y comienza a disolverse.

Os escribimos, nos escribimos, para recordar juntos que todos formamos parte de un mismo movimiento que intenta comprenderse. Si alguna transformación ha de venir, no nacerá del triunfo de una parte sobre otra, sino del instante en que veamos que nunca fuimos partes. Solo nosotros.

Jesús Olmo

https://www.15-15-15.org/webzine/2026/04/28/carta-abierta-de-nosotros-a-nosotros/  

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