Cuando el sol se
pone cada día, hay gente que se enfunda dos pijamas, apaga las luces y se mete
en la cama. No lo hacen porque les guste irse a dormir a las siete de la tarde,
sino porque no tienen cómo afrontar el pago de la luz, ese bien que las
eléctricas distribuyen cada vez más a precio de oro. No lo hacen porque sean
frioleros, sino porque no disponen de recursos para poder pagar el precio cada
vez más prohibitivo de la calefacción.
No es una anécdota aislada. Es un relato habitual ya no solo de trabajadores sociales, que mantienen contacto directo con las personas más necesitadas, sino de gente cercana, de integrantes de movimientos sociales, de asistentes a asambleas de barrio, de familias aparentemente normales que coinciden contigo a las puertas del colegio esperando a los niños.
En 2012 1,4 millones de viviendas sufrieron cortes de luz en España por impago. En los últimos seis años la factura eléctrica se ha disparado un 60% y la renta media de los hogares ha descendido al menos un 8,5%. Hagan los cálculos...
No es una anécdota aislada. Es un relato habitual ya no solo de trabajadores sociales, que mantienen contacto directo con las personas más necesitadas, sino de gente cercana, de integrantes de movimientos sociales, de asistentes a asambleas de barrio, de familias aparentemente normales que coinciden contigo a las puertas del colegio esperando a los niños.
En 2012 1,4 millones de viviendas sufrieron cortes de luz en España por impago. En los últimos seis años la factura eléctrica se ha disparado un 60% y la renta media de los hogares ha descendido al menos un 8,5%. Hagan los cálculos...









