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ANATOMÍA DE LA ESPERANZA
El autor se sirve de Tomás de Aquino para definir la esperanza como «una tensión del alma que nace de un deseo del corazón y de un discernimiento intelectual que vislumbra posibilidades de éxito». Es un combate que se entabla en cada persona, entre dos voces: una clama «¡No hay nada que hacer!» y otra, «¡todo es posible!». La esperanza no es una evidencia sino «una apuesta» que se puede ganar o perder; así que «no hay esperanza sin miedo ni miedo sin esperanza», como decía Spinoza.
Su objeto es el bien y obtenerlo requiere cierto esfuerzo, es decir la esperanza no consiste en quedarse cruzado de brazos aguardando que llegue. Todos la necesitamos —creyentes y no creyentes—, pues se trata de «un valor transversal que no es patrimonio único de la esfera religiosa, sino también del humanismo laico».









