LA ILUSTRACIÓN OSCURA
Cuando la modernidad llega a su extremo
Para Land, la superinteligencia artificial y la singularidad
tecnológica no son herramientas al servicio de la humanidad, sino procesos
evolutivos inevitables destinados a reemplazarla.
Estamos en tiempos de cambio y desorientación. Ninguno de
los modelos que fuimos creando los humanos durante siglos parece hoy funcionar,
al menos no para las grandes mayorías.
La estructura política y las democracias liberales ya no representan a nadie; la dinámica económica y los salarios de los empleos que se ofrecen alcanzan cada vez menos, haciendo del ascenso social una utopía y del progreso ilimitado una quimera; la trama social está polarizada y fracturada, y los jóvenes ni siquiera pueden formar una familia o tener hijos.
Ni hablar del colapso ecológico y climático provocado por un sistema donde el capital está por encima de la vida.Claro que el denominador común de todas estas crisis está
ligado a un grupo muy reducido de personas: los dueños de casi todo, que no
cesan en su ambición de poder y acumulación. Y a un modo de entender la vida:
mecánicamente, en partes, reduccionista, en datos. Un paradigma que nació con
la filosofía racionalista de la Edad Moderna y hoy -en su fase final- se
encuentra destilado y maximizado en la filosofía de esta elite.
En este contexto, lo único que parece "funcionar
bien" con precisión son las máquinas: algoritmos que rastrean lo que
decimos y hacemos, cámaras de vigilancia y sistemas de rastreo de ubicación por
doquier, redes sociales diseñadas para capturar nuestra atención, polarizarnos
y zombificarnos y, ahora, modelos de lenguaje a gran escala —a los que no
casualmente apodaron "inteligencia artificial"— que parecen saberlo
todo a una velocidad vertiginosa que degradaran nuestras capacidades
cognitivas.
Por eso no es de extrañar que uno de los temores actuales
más extendidos es terminar siendo reemplazados por las máquinas, y que en pocos
años nos veamos obligados a aceptar "mejoras" tecnológicas solo para
seguir siendo competitivos o evitar la irrelevancia.
Obviamente, este empuje tecnológico —desplegado sin medir
sus consecuencias ni el daño a la condición humana— proviene de los mismos
actores responsables de la policrisis que enfrentamos. Son los mismos dueños de
monopolios que reclaman competencia de mercado para el resto; los que extraen
recursos de la Tierra y los acaparan y luego proponen soluciones climáticas;
los mismos que capturan rentas y desmantelan el Estado de bienestar pero se
benefician de subsidios, rescates en épocas de crisis, inversión pública y
privatizaciones. Los mismos que exigen al 99,99% de la población que trabaje
más, pero ellos hacen sus fortunas en la especulación del casino financiero y
al abrigo del estado.
Y, como dijimos, esta elite comparte una filosofía, podríamos
decir una cuasi religión que además de ser extremadamente materialista (por eso
la insaciabilidad con respecto a la riqueza y el poder) es tremendamente anti
humana y anti vida.
La
Ilustracion Oscura
La Ilustración Oscura es una
corriente filosófico-política y sus dos teóricos fundamentales son Nick Land y Curtis Yarvin. Y sus ideas han
impactado con fuerza en el sector tecnológico y entre inversores como Peter Thiel, Elon Musk y el vice
presidente de EE.UU., J.D. Vance
Si la Ilustración del siglo XVIII decía que con la razón, la
ciencia, la libertad, la igualdad y la democracia conseguiríamos el progreso
ilimitado, la Ilustración Oscura da
vuelta esa ecuación y nos dice que la democracia, la igualdad y el humanismo son obstáculos para el
progreso.
¿Por qué? porque
según este grupo, una minoría técnicamente competente podría gobernar mucho
mejor que lo que la mayoría decide democráticamente. Y dentro de este paradigma
racional y utilitarista, esto tiene sentido.
Y Sillicon Valley da
un paso más, ¿para qué discutir políticamente cómo queremos vivir si podemos
diseñar un sistema tecnológico que decida las cosas directamente? Al fin y al
cabo la IA puede analizar todas las variables, tiene toda la información y no
se deja llevar por las peligrosas emociones y sentimientos humanos que los
alejan de la objetividad que buscan.
Pero las cosas se ponen peor.
Porque Land no piensa que la tecnología debe servir al ser humano (en realidad esto es obvio si
vemos la situación en la que estamos). Piensa que el capitalismo y la
tecnología forman parte de la evolución y nos estaría llevando a un mundo posthumano.
Land es anti antropocentrista. No cree que deberíamos ser los centros del mundo. Es un antihumanista radical.
El capitalismo, para
esta gente, sería una especie de fuerza natural, una máquina evolutiva que se
acelera constantemente por medio de la competencia, la innovación y la
inteligencia artificial. Todos
nosotros, los humanos, no seríamos más que diminutas piezas de deseo manipulado
que encajan en un enorme sistema, del cual no hay salida.
¿Es de extrañar que hayamos llegado a este tipo de
pensamiento? No.
Cuando el
funcionar es más importante que el existir, cuando dejaste de ver la vida
como algo indescifrable y crees que es tan sólo un listado de genes
manipulables, cuando no hay sentido ni orden sino azar y casualidad, cuando
crees que todo se explica por lo material y lo cuantitativo, cuando piensas que
la imprevisibilidad es eliminable a través de la razón, la naturaleza (que nos
incluye), indescifrable, imprevisible, incuantificable es un estorbo. En ese
momento las máquinas se vuelven dioses.
Para Land, la superinteligencia artificial y la singularidad
tecnológica no son herramientas al servicio de la humanidad, sino procesos
evolutivos inevitables destinados a reemplazarla. En lugar de mitigar el riesgo existencial de la IA, su postura es abrazar
y acelerar este desenlace.
Porque al fin y al
cabo, para los aceleracionistas, la humanidad es sólo una fase transitoria de
la evolución tecnológica, la humanidad, lo biológico con sus instintos,
sentimientos, irracionalidades, sufrimientos y muerte (que traen lo
imprevisible al escenario vital) es una fase a superar para esta gente
obsesionada por el control.
En su "Manifiesto
Tecno-Optimista" de 2023, Marc Andreessen enmarca
la tecnología como la fuerza motriz del progreso humano y la abundancia y
señala a los defensores de la regulación, el decrecimiento o la precaución como
las fuerzas de la "maldad" o la autodestrucción. ¿Por qué?
porque frenar el desarrollo tecnológico sería más peligroso que acelerarlo,
porque la tecnología podría resolver problemas como la enfermedad, la pobreza o
incluso el cambio climático. Quién intente hacerlo es el Anti Cristo.
Es decir según esta
ideología, la tecnología, la innovación se vuelve la fuerza vital que otrora se
le asignaba a Dios, la fuerza que nos pueda garantizar el paraíso en la Tierra,
por lo que intentar frenarla -por el estado, por la religión, por el activismo
ecológico o anti tecnología- pasa a ser ir en contra de Dios mismo.
Una religión
Entonces es importante entender que no es sólo una filosofía
secular, sino una religión. Una religión con su búsqueda de eternidad terrenal,
y cuyo dios es la tecnología: omnisciente, ubicua, todopoderosa.
Tecnología que con su conocimiento acumulado, podrá eliminar
las imprevisibilidades biológicas y llegar a "la singularidad", un umbral más allá de nuestras categorías
ordinarias donde la tecnología es más que su creador, el ser humano.
Donde el creador humano es superado por su obra (justo en el punto en el que
eligió definirse: la razón). Donde todo queda integrado en una inteligencia total, integrada, omnipresente.
Reminiscente a la inversión moderna de negar cualquier orden
creador, la insistencia que lo que existe no es más que un azar sin sentido. Y eliminando
toda posibilidad de una inteligencia, principio o realidad creadora que lo
preceda (sea el logos, el universo, la naturaleza, la fuerza vital o Dios).
Como una pantalla de computadora que, porque ve aparecer en ella imágenes,
textos y mundos enteros, termina creyendo que ella misma los produce. Confundiendo
su capacidad de conciencia con ser la fuente de la realidad.
¿Por qué este grupo influyente consideran deseable la
singularidad? porque consideran que somos una especie inacabada y limitada, y la tecnología puede permitirnos trascender
esas limitaciones.
Para Ray Kurzweil,
(autor de
"La singularidad está cerca", que se convirtió en la biblia de
los transhumanistas), el aumento exponencial de la capacidad tecnológica
permitiría una integración creciente entre humanos y máquinas. Otros piensan
que una inteligencia superior podría acelerar enormemente la ciencia, curar
enfermedades, extender la vida, resolver problemas materiales complejos, etc.
Al pensar a la
evolución tecnológia como algo inevitable, como la continuación del proceso que
se inició en el Big Bang, la pregunta pasa del "qué mundo queremos" a
"qué mundo va a emerger de un proceso sobre el que no tenemos ninguna
injerencia".
Supuestos (erróneos)
del acelaracionismo y del Transhumanismo
La filosofía de esta tecno elite, no es algo nuevo. No es más que la destilación, la concentración del ideario moderno de los siglos XVII al XX a través de la Ilustración, la Revolución Industrial y el auge del capitalismo.
Si la modernidad
situó al ser humano y a la razón en el centro del universo, guiada por un
conjunto de valores interconectados: antropocentrismo, racionalismo, valoración
de lo que puede ser medido y cuantificado, progreso infinito, división en
partes para explicar el todo, separación entre ser humano y naturaleza y entre
mente y cuerpo, universalismo; el aceleracionismo, el transhumanismo hace una
hiper concentración de esos valores y no encuentra mejor objeto que los exprese
que las máquinas (cómo es razonable) porque en racionalidad, cálculo
frío, eficiencia, productividad, reduccionismo, pensamiento lineal nos superan.
Entonces es lógico que pasen del antropocentrismo al anti -
antropocentrismo, a la biología como algo editable y mejorable. Y que aquello
que surgió de la vida, la máquina, termine siendo considerado superior a la
vida que lo hizo posible.
El sufrimiento humano, la destrucción de otras especies o
incluso el deterioro de la biosfera pueden entonces convertirse en cuestiones
secundarias frente a una supuesta misión superior: hacer avanzar la inteligencia, la complejidad o la evolución tecnológica.
En la espera de lo
nuevo
Si hubiéramos hecho una extrapolación del ideario moderno y
cómo terminaría la civilización moderna, creo que era previsible poder avizorar
esta realidad que estamos viviendo.
La identificación con la razón, el cálculo frío, la
necesidad de doblegar la naturaleza (incluida la humana) para hacerla más
previsible y dominable, la desacralización de la vida, pasados los siglos y con
el consiguiente poderío técnico, no podía no terminar cómo está terminando. Con
gente que piensa que puede doblegar a la biología y a la vida. Con gente que no
le duela la extinción humana.
Pero en medio de esta distopia, aquí y allá aparecen
semillas de otros mundos, de otras formas de habitar la Tierra, prácticas
diversas que intentan vivir al ritmo de la Tierra, qué es nuestro ritmo.
Prácticas que intentan vivir en consonancia con la naturaleza, que es también
nuestra naturaleza.
Y una parte importante de lo nuevo consiste justamente en
renunciar a la fantasía de control total. Aprender a transitar la incertidumbre
y el caos. No queda otra.
Y también a tener paciencia.
Cómo dice
Manuel Castells, en “Ruptura "podríamos tener la paciencia histórica de ver cómo los embriones de
libertad plantados en nuestras mentes por nuestra práctica van creciendo y
transformándose. No necesariamente para constituir un orden
nuevo. Sino, tal vez, para configurar un caos creativo en el que
aprendamos a fluir con la vida en lugar de apresarla en burocracias y
programarla en algoritmos. Dada nuestra experiencia histórica, tal vez
aprender a vivir en el caos no sea tan nocivo como conformarse con la disciplina
de un orden.“
Carolina Flynn
https://www.climaterra.org/post/la-ilustracion-oscura-cuando-la-modernidad-llega-a-su-extremo



No hay comentarios:
Publicar un comentario