HACIENDO CAMINO

Joan Martí

Una recopilación de artículos publicados el año 2004 en la revista Lucena Semanal bajo el seudónimo "Jovian Alanda" que son una aproximación personal sobre distintos temas que nos trascienden y para los que buscamos respuestas. En estas reflexiones traté cuestiones que nos preocupan como seres humanos sometidos a las limitaciones de tiempo y espacio. Esta propuesta se ofrece a todo aquel que esté interesado en el gran asunto de la Vida en el que nos hallamos inmersos y acerca del cual nos planteamos tantos dilemas de difícil comprensión.


ARTICULOS:
  • La vida empuja
  • La incertidumbre
  • ¿Tener razón o ser feliz?
  • Todos somos iguales
  • La cultura, una necesidad
  • La ilusión de vivir
  • Religiosidad o conciencia
  • ¿Un pan bajo el brazo?
  • La muerte a mi puerta
  • ¿Qué somos?
  • ¿Vivir para trabajar?
  • La Vida ¿sueño o realidad?
  • Banderas ¿por qué y para qué?
  • La aventura del día a día
  • Todo lo bueno abunda
  • La insatisfacción
  • Lo mágico
  • Nuestra dualidad
  • Caminante no hay camino
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La vida empuja 28.02.04

Tras una crisis, avanzamos en nuestra evolución y logramos una nueva visión de las cosas y una mejor manera de encarar la vida”

Parece que cuando empiezan a complicarse las cosas se complican todas a la vez, un poco en la línea de “las desgracias nunca vienen solas”. Si partimos de la base que somos nosotros mismos quienes nos creamos todas las situaciones no tenemos otra alternativa que asumir los hechos y replantearnos las causas que los han motivado aunque, bajo los efectos demoledores de unas circunstancias adversas –sean físicas, morales o emocionales-, resulta muy difícil ver más allá y discernir cual ha sido el detonante.

        
         La verdad es que una contrariedad siempre nos presenta la oportunidad de iniciar nuevos planteamientos rompiendo con esquemas quizá obsoletos a los que nos agarramos como un náufrago se agarra a una tabla para mantenerse a flote pese a que no le conduce a parte alguna. Por eso la Vida nos da un empujón para que enderecemos nuestro rumbo y lo hace de forma que no tengamos más remedio que afrontar un tema que tal vez estamos relegando sin solucionarlo.

            Lo cierto es que las consecuencias inmediatas que se derivan del descalabro son un desistimiento general y un desencanto por todo lo que se tuviera entre manos. Una inapetencia y desinterés que sale de lo más hondo de uno mismo como respuesta inconsciente al impacto recibido. Este estado de ánimo, aunque comprensible, es letal en todo el sentido de la palabra puesto que nos hunde aún más y nos instala en la depresión con el consiguiente resultado negativo general.

          Es seguro que, tras una crisis, avanzamos en nuestra evolución y logramos una nueva visión de las cosas y una mejor manera de encarar la vida, por ello: Bienvenidos sean los problemas pues nos permiten aprender y crecer. Sin ellos permanecemos estancados pues lo más fácil para todos es conformarnos con lo que tenemos a mano aunque la otra cara de esta elección sea una renuncia de nuestras inmensas opciones en esta vida.

         Desde un pequeño contratiempo hasta una gran adversidad, todo es ocasión y estímulo para mejorar nuestra propia circunstancia que nos da acceso a niveles superiores de comprensión de la realidad en la que estamos inmersos y de la que extraemos nuestra carga diaria de emociones y experiencias que en definitiva suponen nuestra única posesión trascendente más allá de bienes físicos que dejaremos atrás cuando pasemos hacia otra dimensión.
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La incertidumbre 6.03.04

Siempre habrá quien prefiera una vida anodina pero tranquila y segura renunciando a todas las sensaciones que la vida ofrece si nos dejamos llevar por ella”

Dicen que si no sabes a donde vas no llegas a ninguna parte, aunque también es cierto que en esta vida no se trata de llegar sino de hacer camino. Ante las dudas que a menudo nos invaden al pensar sinceramente hacia donde debemos dirigirnos, son varias las respuestas que hallamos y en general contrapuestas unas con otras.

          Por un lado oímos la voz de la razón que nos recomienda siempre lo más prudente y sensato pero no lo que quizá más nos apetece. Esto nos lo sugiere nuestra intuición la cual no se entretiene en valoraciones de clase alguna yendo directa al fondo de nuestros verdaderos deseos y anhelos.

          Sucede, no obstante, que estas dos voces en muchas ocasiones se entremezclan y resulta complicado discernir cual de ellas es la que nos está hablando y esta confusión se produce cuando nos encontramos en alguna encrucijada. ¿Cómo resolver el dilema? .

Para tomar cualquier decisión, lo primero es calmarse, serenarse completamente facilitando así que la mejor perspectiva para nosotros se manifieste por si sola al dejar de angustiarnos y de darle vueltas al asunto de forma consciente. Nos podemos mover y actuar en la dirección que creemos más adecuada, pero sin la ansiedad por un resultado concreto que puede darse o no.
           Hemos de estar atentos a las señales que se van produciendo constantemente y
que nos guían de forma indirecta hacia lo que más nos conviene en cada momento. 
Nuestro subconsciente nunca se equivoca, nunca nos engaña pues siempre nos dice exactamente lo que sentimos y lo que verdaderamente más nos gusta hacer, sin entrar en detalles que, el consciente sí nos resalta para “prevenirnos” ante alguna aparente “temeridad” pues no otra cosa es para nuestra razón el dejarnos llevar por nuestros auténticos impulsos que con frecuencia conllevan romper moldes que nos apegan a una vida rutinaria y por ello vacía de interés.
   
          Si nos preguntamos honestamente qué cosa nos hace mayor ilusión, seguro que surge en nosotros aquel proyecto, aquella idea, aquel camino que da sentido a nuestra vida. Todo tiene un precio es cierto y a cada uno corresponde evaluarlo. Siempre habrá quien prefiera una vida anodina pero tranquila y “segura” renunciando a todas las sensaciones y emociones que la vida nos ofrece si estamos dispuestos a dejarnos llevar por ella.
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¿Tener razón o ser feliz? 12.03.04

Hay muchas opciones de organización de la sociedad pero lo que importa de verdad es el estilo en como se hace que puede resumirse como vive y deja vivir”

Tiempo de elecciones, tiempo de discusiones... Cuánta energía malversada! Todos los esfuerzos dedicados a descalificar o desmentir al adversario, cuán provechosos podrían ser aplicados en sentido positivo.
Un derroche desmedido e inútil de admoniciones y reproches que además de no aportar nada constructivo sólo contribuyen a enrarecer la convivencia y a desalentar a quienes, verdaderamente, quieren implicarse en cuestiones sociales para el bien de todos.
Pero es así y no parece que ninguno de los participantes en esta "obra teatral" tenga la menor intención de cambiar el "guión" tácitamente aceptado por todos. Por eso resulta tan obvio que cada pueblo tiene los dirigentes que se merece y si el ciudadano consiente, cuando no azuza, esta conducta electoral de sus representantes políticos, luego no puede quejarse de lo que ellos hagan y de como lo hagan pues ya dejaron bien claro el nulo respeto que sentían hacia los demás.
¿Es posible otra manera de llevar los asuntos públicos? Sí, rotundamente y además, el que lo intente va a conseguir arrastrar y comprometer esa gran masa de indecisos e insatisfechos que son los que a fin de cuentas hacen triunfar una opción determinada.
Donde hace falta trabajar es en la captación de esfuerzos y voluntades, en la asimilación de criterios y proyectos, en la canalización de cualquier iniciativa o planteamiento útil para la sociedad, venga de donde venga y, en definitiva, en tener claro cual es el objetivo principal que no es otro que servir a las personas de la mejor manera posible sin desperdiciar ningún esfuerzo en ir contra nada.
Al aprovechar toda la energía que se desarrolla a nuestro alrededor anulamos de golpe todas las confrontaciones que son, sin duda alguna, nocivas y estériles. Tantas y tan variadas propuestas ofrecidas en campaña electoral pueden sustituirse por cuatro palabras –las que dan título a este escrito- que expresan, más allá de programas concretos, una actitud ante la vida que siempre se traduce en un bienestar para quienes se rigen por ella pues, al fin y al cabo, hay muchas opciones de gobierno y organización de la sociedad pero lo que verdaderamente importa es el estilo como se hace que en el caso que expongo puede resumirse con un "vive y deja vivir"
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Todos somos iguales 20.03.04

Si queremos vivir en paz pongamos cada uno de nosotros armonía en nuestro entorno más inmediato, evitemos la discriminación y compartamos ilusiones”

Nadie está exento de responsabilidad por lo que sucede en este mundo. Son muchos los seres humanos que se hallan sometidos a condiciones indignas de miseria, opresión y violencia. La diversidad de culturas, razas y credos son una fuente de incomprensión entre los hombres cuando en lo esencial todos somos iguales. Todos tenemos parecidas necesidades y deseos. A todos nos gusta que nos escuchen, que nos respeten, que nos amen. Todos nos preguntamos de dónde venimos y adonde vamos. Nuestras diferencias son meros matices –color, sexo, religión, lengua, costumbres- que en todo caso aportan al conjunto humano una extraordinaria riqueza.
Cultivar la tolerancia, la apertura mental y el respeto entre todos es la clave para lograr una convivencia llena de bienestar. Sea cual sea el ámbito en el que nos movamos, nuestra conducta personal siempre influye en la colectividad: Ya lo dijo el filósofo "Cuando una mariposa agita sus alas todo el universo se conmociona". Cualquier detalle, por pequeño que nos parezca, genera energía la cual podrá ser positiva o negativa en función de lo que pensemos o de cómo actuemos.
Con actitudes insolidarias o intolerantes estamos enviando al espacio mensajes de crispación y violencia generadores de todo tipo de conflictos que retornan a nosotros de una forma u otra, a nivel individual o colectivo. Hay una ley universal de causa-efecto o acción-reacción también llamada Karma que es inexorable: Tal das, tal recibes.
Si realmente queremos vivir en un mundo en paz pongamos cada uno de nosotros armonía en nuestro entorno más inmediato, evitemos la discriminación, compartamos ilusiones, practiquemos el respeto mutuo, aceptemos las diferencias externas, interesémonos sinceramente por lo que sienten los demás. Recordemos las auténticas necesidades básicas de las que carecen tantas personas al pensar en nuestros propios problemas, muchas veces más artificiales que reales.
En nuestra mano está que la Vida sea para todo el género humano –incluidos nosotros mismos- una fuente verdadera de paz y bienestar, sólo tenemos que desearlo. No somos perfectos pero sí somos capaces de hacer mejor las cosas pensando en los que nos rodean para que a la postre sea mejor para todos
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La cultura, una necesidad 27.03.04

Cuando nos dejamos cautivar por los valores y la belleza artística nos volvemos más sociables y pasamos a ser responsables de nosotros mismos”

Ingrediente básico en la vida, para dar sentido a la misma, la cultura aporta al ser humano una riqueza de sensaciones que a la vez le produce una evolución interna aflorando la sensibilidad con la que se le abre un amplísimo campo de nuevas experiencias además del despertar de la propia conciencia con el consiguiente acceso a la visión crítica de las cosas y los acontecimientos dejando atrás la situación de ente primario, manipulable y dirigible.
En un mundo con tantos seres humanos sin ninguna formación elemental, el desarrollo cultural se hace indispensable para lograr que todos tengamos autonomía de pensamiento y opinión. Con ello, la mayor parte de conflictos no se plantearían y los interesados en promoverlos no encontrarían el apoyo de una masa ignorante y fácil de engatusar.
Una inmersión cultural combinada con actuaciones de fomento económico de tantos que están bajo mínimos en nuestro planeta es la fórmula adecuada para que todos vivamos en paz y armonía. Se trata de eliminar la injusticia más flagrante: Millones de seres humanos sin sentido ni esperanza en la vida.
Además de disponer de comida, techo y salud una persona para su evolución precisa saber leer, escribir, etc. ¿Cómo hacerlo? Pues, en lugar de tanques y soldados, escuelas y maestros. En lugar del actual derroche en armamento, bibliotecas, conservatorios de música, salas de teatro... en fin todo cuanto favorezca la calidad de vida de los habitantes de nuestro mundo.
No es ninguna utopía, es la mejor inversión, pues todos saldremos ganando. Sin ir tan lejos, a nuestro alrededor, son innumerables las personas que limitan su quehacer vital al trabajo y la diversión alejados de toda manifestación cultural que, además de empobrecerlas, las deja a merced de cualquier demagogo.
Disfrutar de una pieza musical, un espectáculo de danza o un buen libro conlleva un goce íntimo y la satisfacción de cultivar nuestro espíritu tan necesitado de alimento como nuestro cuerpo. Cuando nos dejamos cautivar por los valores y la belleza artística cambia nuestra percepción de las cosas, nos volvemos más sociables, somos más tolerantes y abiertos pero también, y esto es lo importante, pasamos a ser responsables de nosotros mismos y analizamos todo lo que se dice y lo que sucede desde nuestra propia perspectiva y raciocinio sin que soflama alguna pueda afectarnos impunemente.
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La ilusión de vivir 03.04.04

Nuestra opción consiste en aceptarnos tal como somos y tener claro que cada uno de nosotros es único, aunque todos seamos la misma cosa”

Aunque no sepamos ni el cómo ni el porqué de la Vida, lo cierto es que vivir es un regalo y un tiempo de gozar, aprender, experimentar y compartir. En esta vida, todos somos a la vez maestros y alumnos. A cada uno nos distingue alguna cualidad que ofrecemos a los que nos rodean así como también disfrutamos de los conocimientos y valores de aquellos con los que nos relacionamos. Todos cumplimos una función de similar importancia dentro del Universo, entendido como una suma de partes que configuran el Todo.
Tanto la más pequeña tarea como la más sofisticada aplicación cumplen por igual su cometido en la Superestructura Universal, de la misma forma que en un mecanismo todas sus piezas son necesarias -desde la sencilla tuerca hasta el elemento más sensible- en el proceso de la Vida, todos contribuimos en la medida adecuada desde nuestra posición, por ello podemos sentirnos plenamente satisfechos al aportar la parte que nos toca ya que todas las aportaciones son precisas para el equilibrio general. Si observamos nuestro cuerpo veremos que todos sus órganos y funciones están en perfecta armonía, independientemente de cual sea su aparente importancia, todo se complementa para que la maquinaria corporal en su conjunto responda perfectamente.
Con nuestro diario vivir participamos de múltiples maneras en el Gran Espectáculo. Tanto si hacemos como si no hacemos, colaboramos en la gran obra de la Vida. Cuando alguna vez nos preguntamos cual es nuestra misión, no nos damos cuenta que ya la estamos llevando a cabo con nuestros actos más comunes, pues todo lo que hacemos influye en nuestro entorno. Sucede no obstante que siempre aspiramos a realizar grandes cosas –salvar el mundo, por ejemplo- suponemos que cuando se trata de tener un objetivo en la vida, éste ha de ser de características extraordinarias cuando en realidad lo trascendente lo tenemos muy a mano sin que sea obligado viajar a otros continentes, subir altas cumbres o explorar recónditas simas.
En la cotidianeidad del día a día está nuestro reto vital. Tal como vivamos, tal como seamos, así cooperamos al progreso y a la evolución general. Nuestra opción consiste en aceptarnos tal como somos, mejorarnos en lo posible y tener claro que cada uno de nosotros es único, aunque todos seamos la misma cosa. ________________________________________________________ 
Religiosidad o conciencia 10.04.04

Toda libertad lleva consigo la pérdida del amparo y del confort externos, pero nos impulsa a cotas ilimitadas de certeza y confianza”

De pequeño haces la primera comunión, rezas rosarios, asistes a misa los domingos y así se van creando unos hábitos religiosos. De toda esta inmersión doctrinal surgen no obstante dos efectos contrapuestos: Por un lado el tema religioso, imbuido de manera forzada y condicionado a castigos su inobservancia, nos direcciona hacia un seguimiento confiado y rutinario pero a la vez nos provoca sensaciones de duda y desorientación.
Invocando y rezando a la imagen que nos inspira más devoción, logramos cierta paz mientras nuestra conciencia va despertando al reconocimiento y aceptación de un Poder Superior al que denominamos con distintos nombres según sea la cultura o el nivel de creencia de cada cual. A partir de ahí, nuestro espíritu puede instalarse en la práctica ritual o evolucionar hacia un estado de trascendencia dirigiéndose a su sabiduría interna.
Todas las liturgias ofrecen un marco acogedor que nos infunde un sentimiento religioso y una sensación de protección y seguridad amparados en los dogmas de fe. Pero si vamos más allá, las preguntas e incertidumbres nos conducen hacia nuestro interior. De forma clara, sencilla y personal, la sabiduría divina que todos poseemos se nos manifiesta la guía más eficaz, fuente inagotable de conocimiento e iluminación.
Lo que buscamos fuera lo tenemos dentro, sólo hay que dejarlo salir, escucharlo y confiar en ello. Para todas nuestras necesidades y decisiones, encontraremos en nosotros la más adecuada orientación. Exenta de influencias o conveniencias sociales, nuestra verdad interior nos ofrece el auténtico contrapunto a nuestras dudas y vacilaciones en todos los aspectos de nuestro vivir.
Renunciar a la vivencia religiosa tutelada para pasar a responsabilizarnos por nosotros mismos de la evolución y discernimiento espiritual propios, exige cierto valor, pues toda libertad lleva consigo la pérdida del amparo y el confort externos, pero nos impulsa a cotas ilimitadas de certeza y confianza.
Nuestra individualidad hace indispensable e intransferible este proceso personal de búsqueda y compromiso. Hacer dejación de ello y ampararnos en meros rituales sólo supone una anestesia para las inquietudes que nuestro espíritu nos plantea constantemente y que el misterio de nuestra existencia pone en evidencia nos guste o no.
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¿Un pan bajo el brazo? 17.04.04

Avanzamos, mejoramos y ampliamos nuestro horizonte al abandonar nuestra individualidad para pasar a formar parte de un núcleo plural”

Cuando nace un hijo se acostumbra a comentar aquello de que los hijos siempre vienen con un pan bajo el brazo. La gente se casa, tiene hijos y monta una familia. ¿Con qué bagaje nos embarcamos en esta trascendente tarea? La mayoría de las veces con mucha curiosidad y un vago temor, cargados de buena voluntad que va poniéndose a prueba a medida que se producen los hechos: nacimiento, enfermedades, escolarización, educación, convivencia familiar...
La aparición en escena de un nuevo ser, tan frágil e inocente, nos llena de alborozo. Sentimos un gran orgullo al vernos proyectados en él creyéndole, erróneamente, parte de nosotros dispuesto a continuar y mejorar nuestras obras. Es cierto que nos proyectamos en nuestros hijos pero ellos son otra persona distinta a nosotros y por tanto hemos de tener claro que tienen sus propios criterios y objetivos que no necesariamente han de coincidir con los nuestros. Su alma escogió nacer de una pareja determinada porque ésta reunía las características que precisaba para efectuar su tránsito por esta vida de la forma adecuada a las lecciones que necesita aprender y a las experiencias que quiere vivir.
Es evidente que debemos dar nuestra ayuda y protección al recién llegado pero sin perder de vista ni un momento lo antes expuesto. ¿Qué pasa entonces con lo del "pan bajo el brazo"? La riqueza tiene acepciones muy amplias, más allá de las puramente materiales. Seguro que nuestra perspectiva de las cosas mejora con la llegada de un hijo, sobretodo si es el primero. Este acontecimiento y la subsiguiente alteración de costumbres despierta en nosotros unos sentimientos desconocidos llenándonos de sensibilidad.
En cualquier caso, avanzamos, mejoramos y ampliamos nuestro horizonte al abandonar nuestra individualidad para pasar a formar parte de un núcleo plural en el que sus componentes se interrelacionan compartiendo intereses y sensaciones a la vez que se apoyan en su caminar por la vida. Juntos, pero cada uno con su propia personalidad a la que todos debemos el más exquisito respeto. Ahí está la clave del éxito familiar.
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La muerte a mi puerta 24.4.04

Valoremos el extraordinario don de la vida, el cual ha de llenarnos de satisfacción y gratitud, pues sin él todo lo demás no tiene ningún sentido”

Se cruzó ante mí y por poco tropezamos de tan azorado que iba. Desorientado y asustado, mirando a todas partes en busca de un lugar donde cobijarse al haberse alterado el orden en la calle por la proliferación de obras y derribos. Su hogar de siempre se había ido al garete y ahora no sabía a donde ir. Entraba y salía de un lugar y de otro dudando e interrogándose sobre cual podría ser su nuevo destino. Detenido ante la puerta de mi casa me miraba fijamente como implorando auxilio. Por dos veces me topé con él, una al ir y otra al volver del trabajo. En ambas ocasiones su ir y venir con aspecto desvalido y atemorizado me provocaron una tierna compasión y lo sentí muy cercano, pero seguí mi camino.

A la mañana siguiente, al salir de nuevo, lo encontré frente a la puerta, tendido en medio de la calle, aplastado su cuerpecito probablemente por un vehículo con demasiada prisa. Sentí una gran ternura, por nuestra efímera relación y un cálido sentimiento llenó mi corazón al constatar la fragilidad de nuestra existencia y la soledad de nuestro deambular por este mundo. Su desamparada estampa, que podía ser la de cualquiera de nosotros, ilustraba con rotundidad el hecho que la vida es un don en usufructo al que no damos importancia y solamente cuando se nos reclama su restitución vemos su valor real.

Descansa en paz pequeña criatura, truncados tus afanes, aunque sólo eras un pequeño ratoncito, quiero dejar testimonio de tu historia a la que asistí como espectador privilegiado, impotente y perplejo por la cruda realidad, expuesta descarnada ante mis ojos, que me hizo recordar aquello que siempre olvidamos: Por el hecho de nacer tenemos que morir, perspectiva que no queremos aceptar por su halo desconocido al que cada cual da el sentido que más le conviene según sus propias creencias.

La imagen desamparada del animalito era un retrato certero de multitud de seres humanos perdidos en su vivir, moviéndose en soledad que van por la vida sin más expectativas que sobrevivir.

Valoremos el extraordinario don de la vida sin el cual nada tiene sentido por lo que debe llenarnos de satisfacción y gratitud. 
 
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¿Qué somos? 1.05.04

Para el vanidoso ser humano resulta inaceptable no entender lo que sucede y quiere tener el control sobre todas las cosas”

            Aparentemente el ser humano, la creación más evolucionada de todas las especies que integran el mundo conocido, se encuentra también predeterminado al igual que todos las criaturas vivas, a un proceso de nacimiento, crecimiento y muerte. La característica excepcional que nos diferencia es que las personas nos interrogamos al respecto y no hallamos respuesta lógica a este planteamiento determinista que nos equipara a cualquiera de los pobladores del planeta: ¿Porqué y para qué, nacemos, crecemos y morimos?

Comparemos nuestra situación con la de una célula de nuestro cuerpo de cuya actividad nos beneficiamos pero sin contar con ella, aunque nos preocupemos que todas funcionen. La laboriosidad frenética que hay en nuestro interior nos trae sin cuidado, porque todo se realiza de forma automática, al margen de nuestra voluntad, debido al trabajo incansable de todas las partes microscópicas que integran nuestro cuerpo, que “nacen, crecen, actúan y mueren” en un proceso de renovación constante.

Si nos pusiéramos en el lugar de una célula –el organismo autónomo más pequeño- veríamos a nuestro alrededor innumerables congéneres sumamente ocupados, cada uno en su propia función, relacionados entre sí para el logro de la tarea general, pero totalmente ajenos al hecho de formar parte de un ser vivo mayor, de tal envergadura, que nos resulta imposible su comprensión del mismo modo que al ser humano le produce vértigo cuando piensa en el Universo como un Todo en el que se encuentra inmerso. Inquietante ¿no es cierto?

Retomando el caso de la célula, podemos hacer como ella que no se plantea la comprensión de aquello que escapa a sus posibilidades de análisis y se concentra en sus ocupaciones específicas pero, claro, para el vanidoso ser humano resulta inaceptable no entender lo que sucede y quiere tener el control sobre todas las cosas. Inútil aspiración, cuando ni la vida ni la muerte están en su mano, cuanto menos el conocimiento del Todo ó Absoluto ó Infinito, llamémoslo como queramos.

Como la célula es al cuerpo humano, puede que seamos nosotros respecto a un ser superior, aunque en nuestro caso, es posible, a pesar de la pequeñez humana, poder intuir la Sabiduría Suprema, el TODO al que pertenecemos si nos lo proponemos desde una gran fe y un grado de humildad por encima de toda pretensión vital.

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¿Vivir para trabajar? 15.05.04                                                                        

Agarrarnos al trabajo como única idea vital, en detrimento de otras expectativas personales, es limitarnos humanamente”

Partiendo de la maldición divina "ganarás el pan con el sudor de tu frente" muchos sólo viven para trabajar cuando lo más sensato sería trabajar para vivir. Aquí el orden de los factores sí altera el producto. El quid de la cuestión se halla en como nos proponemos vivir y por cuales objetivos nos vamos a regir.
Situando nuestras necesidades materiales en un marco razonable de confort, nos será preciso conseguir unos medios económicos suficientes para sufragarlo pero, a partir de ahí, ya podemos movernos libremente cultivando la parte espiritual de nuestro ser atendiendo otras aspiraciones más elevadas que anidan en nuestro interior.
Si nuestro propósito en la vida es el acumulamiento de bienes materiales o la apreciación social, nos veremos abocados a un sobreesfuerzo continuado que hará válida la citada maldición, al quedar atrapados en la espiral de trabajar mucho para tener muchas cosas y ser más considerados.
El objetivo de cada cual, obviamente a cada cual corresponde. Visto de forma desapasionada, el camino que cada uno toma en la vida y la forma como se la plantea son respetables por igual pero debe ser valorado basándose en sus motivaciones reales y en función de sus resultados. En el primer caso, es evidente que la vida se nos ofrece más fluida, rica y variada de opciones al atribuir un tiempo para cada cosa. En el segundo caso, aunque pueda parecer que obtenemos mejores resultados, la verdad es que nos creamos un círculo infernal pues cuanto más tenemos más queremos o, lo que se acostumbra decir, más necesitamos (¿?)
Nuestra propia estructura física y espiritual nos reclama un enfoque equilibrado. No podemos pasar sin dormir un mínimo de horas diario, igualmente hemos de comer y relajarnos de manera periódica así como dedicar un tiempo a tareas distintas del trabajo habitual sean de ocio, deporte o estudio. Cuando forzamos cualquier ámbito de nuestro ser, éste protesta generando un malestar patológico o psicológico que nos pone sobre aviso de que estamos en un camino erróneo.
      Agarrarnos al trabajo como única idea vital, en detrimento de otras expectativas personales, es limitarnos humanamente privándonos de un sinfín de opciones maravillosas que la Vida pone a nuestra disposición si estamos dispuestos a vivirlas. 

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La vida, ¿sueño o realidad? 22.05.04

Muchos aspectos quedan fuera de nuestra comprensión porque saberlo todo sería quizá demasiado tremendo e inconcebible”

Si no fuera por las necesidades del cuerpo podríamos pensar que todo es un sueño, tal como sucede con una película o como cuando al dormir nos hallamos inmersos en mil imágenes inconexas, con más o menos realismo, hasta despertar asombrados sin saber a ciencia cierta que nos ocurre y en donde estamos.


Bien mirado, todo parece real: a veces magnífico y otras nefasto como en los sueños en los que se alternan pesadillas y escenas pletóricas de encanto. Personajes de este gran guión que es la Vida, nos movemos aparentemente a nuestro antojo, pero estamos sujetos a la trama general escrita por... ¿quién sabe?

Las acciones y emociones que desarrollan los actores en una obra cinematográfica son tan reales para nosotros al contemplarla como lo puede ser nuestra propia experiencia vital. Un enigma que cada uno encara a su manera de la forma que mejor le dicta su entendimiento.

Aunque pasemos por alto nuestras inquietudes y dudas, las cuestiones que no comprendemos siguen ahí acuciándonos. No temamos hacernos preguntas si queremos sentirnos despiertos, si deseamos evolucionar, pues, plantearnos hipótesis que expliquen en la medida de lo posible el misterio en el que estamos envueltos, nos acerca un poco más al punto de conexión con el Yo Supremo.

El Conocimiento, así en mayúscula, subyace en nosotros mismos y está en nuestra mano acogerlo plenamente. Al interrogarnos sobre los temas que nos desbordan, nuestra voz interior nos va sugiriendo las respuestas con simbolismos que debemos interpretar. Muchos aspectos quedaran fuera de nuestra comprensión porque saberlo todo sería quizá demasiado tremendo e inconcebible.

En cualquier caso, la duda que encabezaba esta nota sigue presente: ¿Estamos dentro o fuera del cuento? ¿Escribimos nosotros la historia o sólo somos meros personajes de una Obra extraordinaria cuyo autor desconocemos? Sea cual sea la respuesta, el hecho de que todos tenemos un comienzo y un final nos puede orientar en el sentido de suponer nuestra vida controlada por una inteligencia y un poder más allá de nuestro control.

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Banderas, ¿porqué y para qué? 29.05.04

Valores como respeto, tolerancia, compasión son para la convivencia humana el equipaje que nos permite la mejor armonía entre todos los seres del mundo”

El hombre, individuo singular por excelencia, busca la pertenencia a un grupo, sea una sociedad, un club o una patria. Parece que para afirmarnos necesitemos estar englobados bajo cualquier enseña, subestimando nuestra propia personalidad que nos caracteriza y nos constituye en seres únicos a cada uno.


El hecho de tener criterio personal, ideas razonadas o creencias determinadas es un aporte para ofrecer a la colectividad en la medida de nuestras posibilidades. Renunciar a esta particularidad nos pone a la altura de los integrantes de un rebaño que se somete obediente a las órdenes de un guía con el agravante que esta afiliación a veces degenera en fanatismos tan nocivos como inútiles.

Valores básicos como respeto, tolerancia, compasión son para la convivencia humana el equipaje que nos permite la mejor armonía entre todos los seres que nos movemos por este mundo tan maltratado por el uso y abuso de banderas varias, sean políticas, económicas, deportivas, religiosas, etc.

Mucho de lo que acontece no ocurriría si nos implicáramos a título personal porque nuestra opinión individual y secreta difiere casi siempre de las razones esgrimidas por el “grupo” al que pertenecemos y que actúa, en nuestro nombre, como mejor le parece y conviene a unos intereses casi siempre ajenos al nuestro propio.

No desarrollamos nuestra singularidad por el temor a sentirnos marginados, señalados por los demás. Y no se trata de fomentar la cultura ácrata pues podemos opinar lo mismo que el grupo pero no tenemos porque cederle nuestra capacidad de decisión que es una prerrogativa que nos pertenece y nos sitúa en el plano correcto.

La seguridad de sentirnos amparados bajo la capa del grupo (partido político, club de fútbol, país, etc.) supone la pérdida de identidad personal y a la postre coarta nuestro progreso efectivo al estar enajenados a otros intereses que pueden ser adecuados para nosotros pero como una opción voluntaria y no impuesta.

A nadie le gusta que le obliguen a hacer algo pero en cambio a muchos les parece natural esta imposición soterrada consustancial de los grupos que anula la idiosincrasia de sus miembros.

Saber y querer estar por encima de modas, consignas o prejuicios de cualquier índole nos proporciona la paz y el bienestar internos de sentirnos dueños de nuestro destino.

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La aventura del día a día 5.06.04

La actividad cotidiana es para muchos un motivo falto de aliciente al cual nos aprestamos más por compromiso que por gusto”

            Son las 6,45 de la mañana. El sueño todavía señorea a sus anchas y la motivación para levantarse es muy remota. ¿Qué nos espera de nuevo en el día que empieza? ¿Qué interés nos invita al esfuerzo de ponernos en marcha? El sólo hecho de estar vivos y darnos opción para nuevas experiencias, que pueden resultar sorprendentes y hasta maravillosas, sería suficiente estímulo para lanzarnos a la acción, pero no es así a tan temprana hora. La actividad cotidiana es para muchos, quizá para la mayoría, un motivo falto de aliciente al cual nos aprestamos más por compromiso que por gusto.

Puede variar de una tarea a otra en la forma pero, en el fondo, son muchas horas de trabajo, no siempre el que más deseamos, en el que estamos sometidos a la presión de la productividad que generalmente conlleva mínima consideración hacia la persona que está dedicando su tiempo y energía a una labor con la sóla motivación de obtener una remuneración que le permita el sustento.

Una ocupación que no motive placer al ser desarrollada, acentúa todos sus aspectos negativos y genera frustración al no aportar satisfacción y quedar limitada sólo a conseguir los medios de vida necesarios como único fin que justifique tan continuada y repetitiva dedicación. Esto sirve tanto para patrón como para empleado que ven, cada uno en su propio ámbito, como van transcurriendo los días en un aparente despilfarro de su tiempo vital que preferirían dedicar a otras actividades más agradables y creativas, que llenaran su ánimo y dieran sentido a su vida.

Trabajar, comer y dormir, dejan disponibles muy pocas horas para nosotros y además fuera de horario útil. ¿Qué hacer entonces? Pues ir sacando tiempo de las horas de descanso o desistir de algún proyecto o actividad (sean estudios, aficiones, ocio o deporte) porque no encaja en la apretada agenda.

      ¿Hay alternativa a esta situación? Aquí entramos en el terreno de los objetivos personales que, si se basan en la posesión y acumulación material, nos someten a todo tipo de sobreesfuerzos deseados o no. Empero si nuestro criterio se halla en la onda de disfrutar de la vida en su sentido más amplio, iremos escogiendo aquellas obligaciones indispensables y dejaremos margen suficiente para desarrollar las infinitas facultades que todos poseemos y que está en nuestra mano regalarnos al dejar que fluyan nuestros gustos y apetencias más íntimos.

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Todo lo bueno abunda 12.06.04

Existe una conciencia colectiva que es la suma de todo lo que pensamos o sentimos cada uno de nosotros. A nuestro alcance está darle un contenido positivo”

Bonita frase pronunciada por una persona con la que trataba por primera vez. Fue al preguntarle su nombre y por el hecho de coincidir con el mío, brotó en él la expresión que encabeza este escrito. Me atendió rápido y solícito, negándose a cobrar nada por su servicio que, aunque sencillo, supuso una solución para mi problema.

Parece que en el mundo sólo hay desastres y problemas porque todos los medios de información van siempre llenos de ellos, pero la verdad es que la inmensa mayoría de las cosas van bien y las buenas noticias están por doquier impregnando la vida cotidiana con su suavidad y belleza. ¿Muy optimista? ¿Poco realista? Ni lo uno ni lo otro.

Detalles positivos quizá nimios pero innumerables salpican nuestra andadura diaria. De los buenos días que nos desean –aunque sea un saludo rutinario- hasta el pequeño favor que recibimos en el trabajo o en cualquier gestión que podamos efectuar. Cuando somos beneficiarios de un gesto de buena voluntad ajeno nos sentimos embargados de un íntimo y profundo bienestar que nos produce una sensación a la vez de sorpresa y felicidad.

Dicen que las buenas noticias no venden. La gente está ávida de la desgracia de los demás como si con ello quisiera consolarse de las propias. Existe una conciencia colectiva que es la suma de todo lo que pensamos o sentimos cada uno de nosotros. A nuestro alcance está el darle un contenido positivo alimentando nuestros pensamientos sólo con valores constructivos y acontecimientos agradables. De este modo transmitimos buena energía que se difunde por todas partes beneficiando de forma inconsciente a cuantos integramos la familia humana.

Como seres pensantes que somos tenemos la facultad de ver las cosas bajo el prisma que más nos guste. Cualquier suceso conlleva su vertiente útil de la que podemos extraer enseñanzas para crecer y avanzar. Desechando de nuestra mente los temas negativos y apartando de nuestros pensamientos los aspectos desagradables estos van a quedar reducidos y eliminados por falta de resonancia con la consiguiente mejora general al verse libre de ellos la conciencia colectiva de la que sólo fluirán aspectos provechosos y creativos contribuyendo de manera efectiva y espontánea a la evolución mental y espiritual de todos los seres que habitamos el planeta.

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La insatisfacción 19.06.04

Para que nuestra andadura sea provechosa, nuestro espíritu ha de estar abierto y receptivo, sin ideas preconcebidas que nos priven de ver lo que se nos brinda”

Es cierto que muy a menudo nos asalta un estado de insatisfacción motivado por mil y una circunstancias. Muchas veces son auténticas tonterías las que desatan esta sensación aunque lo que aflora, por cualquier motivo intrascendente, son causas más profundas de infelicidad que anidan en nuestro interior.

Como el cuento de las noventa y nueve monedas de oro, pensamos en la que falta para cien y no en todas las que tenemos en la mano. Parece que para ser felices siempre nos falta alguna cosa, como si todo de lo que ya disfrutamos no tuviera valor por el sólo hecho de disponer ya de ello.

Somos dichosos en la medida que apreciamos aquello que la vida nos va ofreciendo: la salud, el amor, la amistad, los medios materiales en general... Todo debemos agradecerlo continuamente dado que ningún bien es inamovible pues lo que hoy tenemos puede faltarnos mañana!

Cuantas personas se lamentan de no haber considerado en su justa valía algo de lo que gozaban cuando, llegado el momento, lo pierden. En palabras de John Lennon“La vida es lo que nos sucede mientras estamos haciendo planes para el futuro” Si queremos una vida plena debemos sacar partido del aquí y ahora sin que ello impida proyectarnos hacia adelante y soñar.

La búsqueda del tesoro personal se halla en todas las culturas y leyendas: Damos muchas vueltas, seguimos innumerables caminos, siempre en pos de lo que nos falta sin prestar atención a lo que nos rodea o a lo que nos ocurre en el momento que estamos viviendo y por ahí es por donde se nos va escapando “nuestro tesoro” que tenemos siempre al lado.

Cuando vamos en busca de una cosa determinada que colme nuestras ansias, en nuestro desasosiego, pasamos de largo. Recordemos aquello de “Dios escribe recto con renglones torcidos” y estemos atentos pues, con frecuencia, lo que anhelamos se nos presenta de forma distinta a la que imaginábamos pero siempre es la más adecuada a nuestras verdaderas necesidades.

En general, es necesario recorrer un largo camino para llegar a descubrir lo que nos llene y dé sentido a nuestra vida pero, para que nuestra andadura sea provechosa, nuestro espíritu ha de estar abierto y receptivo, sin ideas preconcebidas que nos priven de ver lo que se nos brinda. La Vida es generosa pero totalmente imprevisible.

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Lo mágico 26.06.04

La mejor magia, la única magia, está en nuestro interior donde reside todo el potencial que queramos. Con gran convicción consigues todo lo que deseas”

Cualquier historia de ficción, desde la sencilla Mary Poppins hasta la efectista Harry Potter, contiene los elementos básicos para atraer, sorprender, satisfacer y un largo etcétera porque en el fondo de las mismas, subyace lo maravilloso mezclado con lo humano. La fascinación hacia lo mágico nos viene de lejos y debe su arraigo al íntimo deseo que todos tenemos de contar con un medio de enfrentarnos a los misterios de distinta índole que nos envuelven.

También nos cautiva el poder de interactuar en la realidad de forma sobrenatural que utilizaríamos de mil maneras aplicado a nuestra vida diaria, en nuestras múltiples vicisitudes para solventar los mil y un problemas con los que nos topamos, pero, siguiendo las “normas mágicas”, el uso de un poder tiene unas limitaciones y unos condicionantes que lo circunscriben a situaciones determinadas o extremas.

Hemos oído hablar de aquellas personas que poseen unos dones especiales las cuales deben observar con rigor la utilización de los mismos que, en ningún caso, les está permitido aplicar en beneficio propio y tampoco comercializarlo. En realidad cualquiera puede desarrollar facultades mágicas siempre que la motivación sea abierta y altruista.

Ante las fantásticas historias de magia nuestra reacción va de la admiración y arrobo a la indiferencia o el desdén según sea nuestra edad, sensibilidad, estado de ánimo o situación vital. Es comprensible que capte más el interés de los niños y de las personas con dificultades, sean emocionales o materiales, que encuentran evasión y ensueño en este territorio fuera de la realidad habitual.

¿Dónde vamos a parar con tanta magia? Tal vez es un sedativo de carencias, valores y necesidades insatisfechas. En esta misma línea podríamos citar las innumerables loterías a las que tantos acuden en busca de la solución para sus vidas. Estamos rodeados por hechos mágicos que nos pasan desapercibidos por habituales. Cualquier fenómeno en nuestro universo es un verdadero milagro, desde el funcionamiento de nuestro propio cuerpo hasta el equilibrio planetario.

La mejor magia, la única magia, está en nuestro interior donde reside todo el potencial que deseemos y queramos. La certeza esta ahí, para quien quiera comprobarlo: La fe mueve montañas. O lo que es lo mismo: Con profunda convicción consigues todo lo que deseas.

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Nuestra dualidad 3.07.04

Aceptar nuestra dualidad, sin rechazar ninguna faceta, nos pone en el camino correcto para efectuar con provecho nuestro paso por esta vida”

Tal como sucede con todos los ámbitos de lo que nos rodea, el ser humano también se ve sometido a la paradoja de la dualidad. De la misma forma que existe el día y la noche, la tempestad y la calma, el amor y el odio y así ad infinitum, en todos nosotros anidan la luz y la oscuridad que se alternan en su influencia y nos sorprenden constantemente por su aparición incontrolada, al margen de nuestra voluntad.

Cuantas veces estamos tan tranquilos y, por una nimiedad, nos asalta un súbito arrebato de malhumor que tanto desconcierta a quien está a nuestro lado como a nosotros mismos. ¿A qué puede ser debido? Nuestro interior es como una cocina en permanente actividad donde macera y se va cociendo todo lo que nos acontece. A menudo las emociones y sensaciones con las que nos vamos topando no resultan ingredientes demasiado apropiados, el guiso se nos indigesta y, en el momento que menos lo esperamos, nos repite en forma de exabrupto o salida destemplada.

Todas las personas, incluidas las más serenas, calmadas y sensatas, están sujetas a los efectos de esta dualidad que nos conforma y nos sitúa en el mismo nivel de todo lo que existe. En nosotros conviven lo positivo y lo negativo, la sensatez y la locura, la grandeza y la mezquindad... La razón que se da para explicar esta aparente incongruencia es que sino hubiera contrastes no podríamos apreciar la realidad. Así podemos decir que tenemos calor porque lo comparamos con el frío que también hemos sentido o que estamos contentos porque sabemos de la tristeza...

¿Ineludible alternativa? Eso parece y no resulta tan indeseable si pensamos en la ayuda que nos proporciona en la evaluación de nuestro diario vivir. Si lo vemos como una herramienta de viaje, nos cabe enfocar debidamente nuestras reacciones y, al ser conscientes del proceso con el que nos guiamos, tomar las decisiones oportunas efectuando las correcciones de rumbo pertinentes sobre la marcha, igual como lo hace un marino que surca los mares, sometido a las fuerzas de la naturaleza, que va adaptando su navegación para mantenerse en la ruta prevista.

Cada uno de nosotros esta formado por aspectos de luz y de sombra. Aceptar nuestra dualidad, sin rechazar ninguna faceta, nos pone en el camino correcto para efectuar con provecho nuestro paso por esta vida y sacar de ella las lecciones que hemos venido a aprender.
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Caminante no hay camino... 10.07.04

Al desprendernos de prejuicios y fardos inútiles avanzamos tranquilos y abiertos, lo que nos hace plenamente intuitivos y receptivos a todo lo que nos rodea”

            Qué bella y acertada definición la que nos dio el poeta: Caminante no hay camino, se hace camino al andar... Así es, así de sencillo. La vida está llena de caminos y senderos. Cualquiera es bueno para nuestro paso. Todos llevan a alguna parte y en todas partes encontramos belleza y cosas por aprender. No se trata de circular por un camino determinado sino que ese camino sea “nuestro camino” en el que podamos encontrar los frutos adecuados para nuestro cuerpo y nuestro espíritu.

Muchos son los que se deslumbran por caminos renombrados, sea el Camino de Santiago o el París-Dakar, por hablar solo de dos de las rutas más conocidas en ámbitos bien distintos. Puede ser que en ellos encuentren lo que anhelan o puede que en ellos encuentren la inspiración necesaria para reconocer su propio camino. En cualquier caso -recordemos la cita del poeta- es nuestro paso el que constituye el camino y no al revés.

Cuando la inquietud existencial nos invade, nos agarramos a opciones de “eficacia probada” o cuando menos que ofrezcan unas expectativas razonables de proporcionarnos lo que andamos buscando, si es que sabemos a ciencia cierta lo que buscamos. Para empezar, vale la pena mirar para adentro en lugar de desviar nuestra atención hacia el exterior. Hasta que no salga de nosotros el impulso adecuado, la orientación precisa que dé respuesta a nuestra desazón, serán en vano todos los pasos que demos y todos los caminos que recorramos.

Hemos de sincerarnos y escuchar muy atentos lo que nos dice nuestro corazón: Qué es lo que nos gustaría hacer, qué es lo que más nos gusta y lanzarnos en pos de ello. Sólo así, sólo al ponernos en marcha movidos por el motivo auténtico que emana de nuestro interior, encontraremos la satisfacción de sentirnos en la buena senda, en nuestra propia senda. Claro que la cosa exige una buena dosis de confianza y determinación, pero, una vez tomada la decisión, podemos estar seguros que en el camino que iniciamos no nos ha de faltar la guía y el apoyo que nos pueden llegar del lado más inesperado.

Al desprendernos de prejuicios y fardos inútiles, avanzamos tranquilos y abiertos lo que nos hace plenamente intuitivos y receptivos a todo lo que nos rodea, En esta tesitura, todo lo que necesitas saber se te revela y todo lo que precisas te llega, en el momento oportuno y de la forma más adecuada.

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