PÀGINES MONOGRÀFIQUES

24.3.26

Los bailes sociales recuperan interacción corporal directa y comunicación no verbal

 ESPAÑA TIENE TUMBAO                    

Salsa, bachata y salud mental en la pista

En muchas ciudades de España, cuando cae el sol, la ciudad cambia de ritmo y las plazas y los parques se convierten en pistas de baile improvisadas donde los desconocidos se encuentran en la música latina. 

En los últimos años, se ha detectado un incremento en el interés por la danza y los bailes sociales. Barcelona es tan solo un ejemplo. ¿Qué beneficios tiene el baile en el bienestar emocional de la población?

Marta tiene 42 años. En 2025 atravesó una etapa complicada y, en medio de ese momento incierto, una muy buena amiga le dio un consejo que, sin saberlo, acabaría cambiándole la vida: la invitó a bailar en el Parque de la Ciutadella. «Al principio solo venía a mirar y disfrutaba de ver a la gente divirtiéndose tanto.

Tardé algunas semanas en animarme a salir a la pista, cuenta. Pasó de no saber bailar nada, a rotar con desconocidos con total naturalidad: «Aquí nadie pregunta de dónde vienes o a qué te dedicas. Solo si sigues el ritmo».

Varios atardeceres a la semana, también en el Parc de les Glòries, un altavoz portátil empieza a sonar y, casi sin convocatoria formal, se forma un corro. Hay jóvenes de veintipocos, parejas de mediana edad, jubilados, mochileros y familias que juegan alrededor. 

Cuando cae el sol sobre el asfalto, sea verano o invierno, estos rincones de la ciudad condal se transforman en una pista de baile urbana en la que suena salsa, bachata y algún que otro merengue. Gratis. Al aire libre. Sin jerarquías.

Pero lo que ocurre allí no es un caso aislado. En distintos puntos del país, academias e iniciativas comunitarias registran un aumento sostenido de participación en los conocidos como bailes sociales. En Barcelona, el colectivo Sin salsa no hay paraíso, organiza algunos de los encuentros y sus responsables observan cómo influyen positivamente en la vida de aquellos que, como Marta, asisten de forma regular. «El baile actúa como lenguaje común, favoreciendo la integración y eliminando las barreras sociales», explica Ana Renojo, portavoz del grupo.

De ritual cultural a comunidad urbana

Parte de este auge tiene una explicación demográfica. En la última década, España ha recibido un aumento significativo de población procedente de América Latina, especialmente de países donde el baile forma parte central de la vida cotidiana, como Colombia o Venezuela. Además, si observamos el caso de la capital catalana, los últimos datos ofrecidos por el Ayuntamiento nos muestran una tendencia similar: aproximadamente el 17% de la población empadronada en la ciudad es latinoamericana.

Esas cifras corresponden a personas que traen consigo una historia y un bagaje cultural  atravesado, entre otras cosas, por la danza: la salsa, por ejemplo, que llegó a esta ciudad con las migraciones de finales del siglo XX, funcionó durante años como espacio de identidad para las diásporas. Pero, con el tiempo, esos ritmos se expandieron y se mezclaron con el público local hasta convertirse en un fenómeno popular.

Ana lo describe desde la experiencia directa: «Se genera una comunidad diversa y transversal, donde coinciden distintas edades y culturas. Y observamos que, más allá del ocio, el baile tiene un impacto claro en términos de bienestar y cohesión. Se crean redes sociales reales:  contactos, amistades, colaboraciones e incluso apoyos mutuos». En su opinión, el aumento de interés por los bailes sociales responde a una necesidad muy actual: reconectar con el cuerpo, con la música y con los demás en un entorno físico compartido.

Lo que dice la ciencia: bienestar, autoestima y conexión

El relato de quienes bailan no se alimenta solo de una sensación: la ciencia también lo respalda. Una revisión sistemática publicada en Escritos de Psicología concluye que la práctica de la danza mejora el bienestar psicológico y la satisfacción vital en personas de distintas edades y culturas.

Los estudios analizados apuntan en la misma dirección: bailar reduce la ansiedad y los síntomas depresivos, refuerza la autoestima y favorece la cohesión social. En adultos mayores, además, el baile en pareja genera emociones como alegría y orgullo que se prolongan más allá de la pista. 

En cuanto a niños y adolescentes, mejora la regulación emocional y el autoconcepto. Pero eso no es todo: incluso algunas investigaciones han observado, durante sesiones de baile, cambios en neurotransmisores relacionados con el buen estado de ánimo, como la dopamina y la serotonina.

Gimena González, psicóloga, explica que parte de estos efectos se debe a que la regulación emocional no ocurre solo a nivel mental, sino también corporal: «El baile social integra movimiento rítmico, música y contacto interpersonal, tres elementos que influyen directamente en el sistema nervioso y en los procesos de activación y regulación fisiológica». El ritmo coordinado, añade, puede ayudar a reducir el estrés y la ansiedad, mientras que la actividad física favorece la liberación de neurotransmisores vinculados al bienestar.

Además, en un contexto cada vez más digital, los bailes sociales recuperan algo que escasea: interacción corporal directa y comunicación no verbal.

«La coordinación rítmica con otra persona genera una forma de conexión implícita que no se articula solo a través de la palabra», señala. Este tipo de sincronía puede fortalecer la sensación de pertenencia y reducir la vivencia subjetiva de aislamiento.

Mario, 34 años, empezó a bailar en 2017. «Siempre me ha gustado muchísimo bailar. Empecé con salsa y bachata porque eran los estilos que más me llamaban la atención», cuenta. Durante los primeros años solo asistía a clases; después comenzó a acudir a sociales con regularidad. Ha tenido épocas más intensas y otras en las que lo ha compaginado con otros hobbies

Y sobre si el baile le ha ayudado a superar momentos difíciles, es prudente: «Para afrontar situaciones complicadas me ha ayudado más la introspección y apoyarme en amigos. Bailar sí ayuda a distraerse, pero no le daría tanto peso como herramienta para superar algo muy duro». Aun así, reconoce beneficios claros: «Cuando voy a bailar después de un día espeso, me ayuda a desconectar y a sentirme más ligero y más feliz. Son pequeños impulsos de bienestar».

Y Laura Medina, docente de danzas urbanas, está de acuerdo. «He tenido malas rachas, malas épocas, como todo el mundo, y durante esas horas que le dedicas al baile tu cerebro logra dejar de lado los problemas y centrarse en aprender una técnica nueva, un paso nuevo —o enseñarlo, en mi caso—», asegura.

En el parque, la música se apaga y el corro se deshace poco a poco. Quedan conversaciones, risas y algunos números de teléfono intercambiados antes de irse. Marta se pone la chaqueta.  «No sé si bailo bien», dice, «pero me siento mejor».

La semana que viene, probablemente, volverá.

https://igluu.es/espana-tiene-tumbao-salsa-bachata-y-salud-mental-en-la-pista/  

No hay comentarios:

Publicar un comentario