INTERESES DESTRUCTIVOS Y BULOS
Las empresas gigantes tienen más poder, más intereses
—también destructivos— y, sin duda, tienen más fácil difundir bulos, pagar
medios e invadir nuestro espacio con su manipuladora publicidad.
Como nos enseñó Jacinto
Benavente (Nobel de Literatura 1922), los intereses económicos y
personales a menudo prevalecen sobre la ética. Con estos cimientos, «destruir»
será aceptable para conseguir los objetivos marcados.
Las grandes empresas suelen tener un departamento de sostenibilidad en el que se estudia cómo ocultar la destrucción (léase contaminación, sufrimiento animal, machismo, maltrato laboral, etc.).
También se encargan de hacer una comunicación eficaz para que parezca que todo es pura bondad, además de beneficioso y rentable. Por muy bonitos que sean sus anuncios, es muy complicado que una empresa grande sea sostenible, menos aún si cotiza en bolsa. Las PYME lo tienen más fácil.Seguro que conoces a personas y organismos que trabajan por
un mundo mejor, con mensajes positivos e interesantes consejos: desde la ONU
(con sus defectos) hasta ONG, asociaciones o blogs como Blogsostenible. Todo este
esfuerzo queda emborronado con una simple campaña de publicidad masiva. En un día,
se arruina el trabajo paciente de miles de personas.
La mala educación de la desinformación
Hay mentiras que basta con repetirse para que parezcan
verdad. Otras, en cambio, no hay ni que repetirlas: usan una frase simplona que
engancha al público receptor con alguna trampa para que piense que ya no es
necesario profundizar más. Veamos algunos ejemplos:
- «El agua de los ríos se tira al mar», dicen algunos como si los ríos no fueran ecosistemas valiosos o el mar no necesitara lo que todo río le regala. Detrás de este bulo suele haber más ignorancia que mala fe. También puede haber intereses en construir presas (aunque luego no sirvan de nada) o en pretender aumentar el regadío (a pesar de los riesgos que nos amenazan). En ocasiones, el objetivo es simplemente aparentar que se defienden los intereses de los agricultores, como si fueran muy diferentes de los intereses ecologistas.
- «Los montes hay que limpiarlos»,
sostienen como si la hojarasca no fuera esencial para la biodiversidad
mundial (sí, esencial). Detrás de este bulo suele haber
ganaderos que quieren poner en valor su tarea, como si no hubiera habido
bosques antes de que llegaran los primeros ganaderos. Se atreven a decir
que «la ganadería extensiva es necesaria», cuando son los ganaderos
quienes necesitan a los bosques y no a la inversa.
- «Los ríos hay que limpiarlos»,
afirman como si la suciedad de un río fuera su vegetación y no los plásticos o toallitas que
producen esas empresas que luego te invitan a que los pongas en el
contenedor adecuado. Un río con vegetación no solo es más bello, sino que
también es más útil, más resiliente y menos peligroso ante riadas. Hay que
darle al río —o al barranco— lo que le pertenece por derecho natural.
Construir cerca puede ser rentable para unos y una sentencia de muerte
para otros (ver el caso dana valenciana).
- «La caza controla las
superpoblaciones», afirman los cazadores ocultando que la caza
deportiva es el mayor elemento que desequilibra las poblaciones en toda la
cadena trófica: tanto en presas como en predadores. Y así ha sido desde
que el humano empezó a cazar. Una actividad tan terrible para todos debe
ser prohibida, en todos los territorios y para todas las especies.
Cazar por placer y con armas de fuego es, sin duda, un deporte de
ignorantes o de cobardes.
- «España
debe aumentar la natalidad»,
como si los científicos no hubieran avisado de que no solo no es
necesario, sino ni tan siquiera conveniente que aumente la población
mundial. Los partidarios de fomentar la natalidad suelen esconder demagogia
o xenofobia (intuyo que a veces son ambas y sin ellos ser
conscientes). En este asunto, es preciso indicar —cuantas veces surja—
que, si bien el aumento de la población es un riesgo que nos acerca al
colapso, mucho más peligroso —sin comparación— es el aumento de los
ricos y su consumo desmedido. Son los millonarios los que provocan
los mayores desastres ambientales, aunque consuman comida ecológica y
viajen en aviones pintados de verde.
- «Las vacas dan leche y carne».
La realidad es que ellas no dan nada, sino que se les roba todo. Y cuando
no producen el mínimo de leche exigido, se transportan al matadero para
que sus cuerpos sigan produciendo dinero, que es lo realmente importante.
- «El toro no sufre; y
las gallinas y los peces, menos». Es como si nosotros
pudiésemos decidir quién sufre, en qué medida sufre y en qué momento lo
hace.
Conclusión
Dejemos de repetir frases hechas sin pensar, bulos
prefabricados de papel charol, porque beneficiamos a corporaciones que
aprovechan nuestra ignorancia para asfixiarnos un poco más.
https://blogsostenible.wordpress.com/2026/01/12/intereses-destructivos-y-bulos/

No hay comentarios:
Publicar un comentario