DE OTRO PLANETA
No levantaba un metro del suelo, aunque me miraba con ojos
de adulto. Se acercó decidido. Tuve que inclinarme para recibir su saludo.
- ¿Es tu madre? me preguntó.
- Tu abracito me colma el corazón de una alegría llena de
pájaros. Es mi bisabuela Nantia. ¿La conocías?
- No.
- Ya. Igual en el jardín de los saberes aún no os han
contado. Nantia llegó como emigrante climática. Mi bisabuela salvó a mucha
gente, ¿sabes? ¡Era una marciana de la Tierra!
Observé la incredulidad en su cara.
- Ahora esto no se lo cree nadie, pero en el siglo pasado
las cosas eran diferentes. Nantia estaba metida en todas las revueltas,
protestaba por los problemas del caos climático y de la crisis energética. En
la Rebelión Poética para apoyar a los 15 de la remolacha de la
Rebelión Científica. No sé si conoces esa historia. Se embarcó en la Flotilla
de la Libertad. Y colaboró en acciones memorables en Futuro Vegetal contra las
empresas de la industria alimenticia. Sí, entonces era una industria, la
agricultura y ganadería re-generativas no eran populares, aunque empezaba a
haber colectivos trabajando y enseñando. Sucedía que, aunque existían
innumerables religiones históricas, la que funcionaba de hecho era la del dogma
del crecimiento. Todo estaba desligado de la vida. Y tampoco se entendía la
muerte. Entonces se pensaba para el momento y en términos de dinero, no de
vida. Fíjate cómo sería que en casi ninguna comunidad estaba integrado el Sistema
7 generaciones.
─¡Eso sí que lo hemos estudiado! El cortoplacismo del pasado
─dijo el chico con entusiasmo.
─Ahora sería impensable, ¿verdad? Ahora el cortoplacismo es
delito contra la gente del futuro que no se puede defender. Pero entonces era
todo un caos. Al no haber autogobierno sino jefes en quienes se delegaba,
surgían enrevesadas cadenas de irresponsabilidad y miedo. Algo muy primitivo.
Nada que ver con nuestros sistemas rotativos y nuestra gestión
anarco-simbiótica de los recursos. Ahora es normal, pero entonces el amor y la
ternura eran revolucionarios. Se sabían muchas cosas, grandes figuras de la
ciencia explicaban todo. Pero la mayoría de las personas no disponía de tiempo
para aprender, el sistema económico las sumía en la insatisfacción y el
agotamiento. Un círculo vicioso. Y ahí es donde mi bisabuela y otras personas
metieron el palo para detener esa rueda.
─¿De verdad era marciana?
─¡Sí, es que fue marciana! Un poco de paciencia y lo
entenderás. Se conoce como el Discurso de la Guardiana de la Simiente.
Discúlpame unos minutos, he de ir al meadero de biofertilización más cercano.
Ahora te sigo contando.
El chico me esperó pacientemente. Se había sentado en un
murete. Yo me senté a su lado. Sus familiares hablaban con otros y no parecían
tener prisa.
─Verás, en esos tiempos de millonariocracia, Nantia y otras
personas se dieron cuenta de que nada cambiaría si no se inventaban mitos
nuevos que destituyeran los viejos mitos ligados al dinero, a la competencia,
al dominio, al hormigón y a las violencias. Descubrieron que para orientar a
las comunidades hacia mejores modos de relación de los animales humanos entre sí
y con el resto de los seres vivos, era imprescindible que los humanos
observaran la naturaleza. Hacía falta un gran evento que propiciara el detenimiento y
una nueva idea de progreso gozoso se iría asentando. Nantia sabía que el
mutualismo, la cooperación, el comensalismo o el herbivorismo resultaban mucho
más eficaces en términos evolutivos que la competencia, la depredación o el
parasitismo. Te digo que sí, que fue una marciana de la Tierra. En aquellos
años un famoso millonario proponía emigrar a Marte. Una locura, energéticamente
inviable y éticamente abominable, pero les dio una idea: crear una conciencia
global. Unir a todos los humanos y sentar las bases de un nuevo mundo en que
vivir juntos con justicia y ecocentrismo, con otro paradigma de riqueza y
placeres verdaderos. Como ahora, que ansiamos la felicidad a través de la
felicidad de todos. Entonces la mayoría no era consciente de que todos
dependemos de todos y eso daba lugar a confusiones, desequilibrios y dolor.
─Mi abuelo dice que se creó una nueva religión ─dijo el
chico.
─¡Noooo! No iba a servir crear una religión, bastaba con que
nos detuviéramos a observar las maravillas que suceden en la biosfera para que
una biomística eficaz surgiera. El equipo revolucionario jaqueó todo lo
jaqueable durante meses, introduciendo papers científicos
inventados que parecían demostrar la teoría de que Marte fue en el pasado un
planeta azul muy parecido a la Tierra, en el cual se dio también una Gran
Oxidación y una serie de eventos similares a los que precedieron el surgimiento
de la vida tal como se conoce aquí. Mi bisabuela y sus compañeros organizaron
avistamientos simultáneos en 32 países. Invirtieron todo el dinero y préstamos
bancarios en esta empresa. El caldo de cultivo era perfecto. La performance estaba
servida. Eso sí que era teatro invisible. Al fin llegó el día del gran discurso
que toda la humanidad escucharía emocionada y que iniciaría el proceso de la
Gran Simbiotización... ¿Conoces el Discurso de la Guardiana de la Simiente?
¿No? Escucha, voy a leerlo para todos...
Me acerqué al montículo y levanté la voz: Discurso de la
Guardiana de la Simiente:
Animales humanos de la Tierra: vengo de un mundo rojo y
silencioso. Un mundo que, hace mucho, tuvo mares, vientos suaves y vida muy
diversa que reía bajo dos lunas. Un mundo que, como el vuestro ahora, creyó que
la fuerza y la competencia sin límites eran el camino al progreso. En Marte
también soñamos con dominar, extraer, y tomar más de lo que dábamos... hasta
que descubrimos que el planeta nunca nos perteneció. Pero ya era tarde.
Nuestras aguas se evaporaron, nuestros suelos se agrietaron y el cielo se
volvió un reflejo polvoriento de lo que habíamos perdido. Aprendimos demasiado
tarde que la naturaleza nunca compite consigo misma: coopera. El coral acoge a
las algas, y juntas crean jardines submarinos. Los hongos abrazan las raíces, y
ambas vidas se alimentan mutuamente. Los bosques no son una multitud de árboles
solitarios: son redes que comparten, avisan y sostienen. La vida, cuando
prospera, lo hace unida. Y aprovechando todo. Deben estar a la altura de su
biosfera y sus tasas de reciclado (más del 99% para el carbono, el fósforo y el
nitrógeno, por ejemplo) y trasformar todo residuo en algo bueno para la
sostenibilidad de la vida. Hoy vengo a deciros algo que quizá os incomode:
Sabemos que queréis ir a Marte. Sabemos de vuestros planes, vuestras naves,
vuestros cálculos. Y os lo digo con amor: no encontraréis en nuestro planeta la
salvación que buscáis. Marte es una cicatriz marcada por nuestra propia
ceguera. Aprended. Vuestro planeta azul todavía canta. Todavía tiene ríos que
danzan, cielos que acarician, y suelos que respiran. Cuidadlo como a un
hermano. No como a una propiedad, sino como a un compañero. Dejad que la
cooperación sea vuestra brújula, que la ternura sea vuestro combustible, y que
el amor a la vida —toda la vida— sea vuestro verdadero viaje interestelar.
Porque no importa cuán lejos podáis volar, siempre estaréis buscando un hogar.
Y, terrícolas, ese hogar... ya lo tenéis. No vivís en la Tierra, sois la
Tierra.
El chico se había levantado mientras yo hablaba. Para mí lo
más importante de ese día era el adiós a Nantia y que él me escuchaba.
─Ahora vamos, caminemos hacia al humusario del bosque, a
despedirnos de Nantia la del Valle.
El chico seguía ahí, mirándome, como si le faltara algo.
─¿Me puedes decir cómo te llamas y de qué familia eres? ─le
pregunté.
─Me llamo Juan Aguilera.
─Juan “Nido de Águilas”, qué bien. Y ¿cómo es que aguantaste
la ‘chapa’ que te he metido?
─No sé, respondió azorado.
─¿Entendiste todo?
─No, todo no, pero entiendo tu voz... Te he comprendido.
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